No todo lo que escribo da como resultado una realización, resulta más una tentativa. Lo que también es un placer. Pues no todo quiero abarcar. A veces quiero sólo tocar. Después lo que toco a veces florece y los otros pueden tomarlo con las dos manos.
Clarice Lispector

"La lapicera del Bar"

Las fotografías que ilustran este blog son creaciones propias.
Podés conocer más de mi fotografía navegando esta mesa

"Mascota Vip del Bar: Cláris"

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"Centro de mesa del Bar"

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"La llave del Bar"

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"Bijouterie del Bar"

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The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore

Como llegó la hora de la merienda, en el bar tomamos chocolatada, mate y licuado de banana mirando...

Samuel Leví & Martín Angulo Medina en "La Oreja Negra"






Gracias enormes a Samuel Leví y Martín Angulo Medina

"La parada" (Cap. 2)

“De nuestros miedos
nacen nuestros corajes”
Eduardo Galeano

«No debería haber salido tan tarde, si no dejaba para el final lo que tenía que hacer, esto no pasaba. Y como si fuese poco, esta oscuridad que no me deja ni ver lo mínimo.
Nunca dar lo mínimo cubre lo que se debiera, nunca»
.
Ella se sienta en el cordón de la vereda y achina los ojos; pero no hay caso, ella no ve.

«Que linda noche no está pesada, bueno, no tan pesada como el otro día. Tengo que afinar la guitarra»
Él se acercó y vio a la chica sentada en el cordón de la parada de al lado.

« ¡Joder! ¿Era necesario que apareciera éste?» —piensa sobresaltada al girar la cabeza y ver la silueta del hombre— «que venga rápido el colectivo, que venga rápido el colectivo» —se dice buscando la tranquilidad esquiva.

« ¿Qué le pasa? ¿Por qué me miró así? ¡Tampoco soy tan feo che! Tiene lindo pelo, me gustan las minas de pelo corto. Seguro viene de la casa de alguna amiga»

«Seguro me roba ¡ay Dios! sacálo de esta cuadra»

« ¿Qué voz tendrá? ya sé, puedo acercarme y, sin hacerme el galán, preguntarle cualquier cosa»

«Así empezó todo esa vez... La noche oscura, el cruce del tren, el forcejeo, el aliento asqueroso de ese tipo.»

«Podría preguntarle qué hora es. ¡Que boludo! como le voy a preguntar eso, teniendo este reloj en la muñeca»

«Me siguió una cuadra y dobló. Yo me sentí aliviada cuando dobló. De la nada, apareció por el otro lado. Y arrinconándome contra la pared, ese cuchillo. Esa vez tampoco debería haber andado sola por la calle. No era tan tarde y ese hijo de puta que seguro... mejor no pienso en eso, mejor no pienso en eso.»

«Tampoco puedo acercarme y tirarle de una; “¿me puedo sentar con vos?” ¡Que mierda!, no puede ser que se me vayan las ideas así. ¡No flaca, no se te ocurra tomarte un taxi!»

«Mejor me paro, y si se acerca puedo patearlo y correr con aquel policía y pedirle ayuda»
Ella gira la vista justo cuando el policía ataja un mate del sereno del hospital, ignorando a la ciudad que teme a sus espaldas.
«No sirven para nada, igual que esa vez: “¿usted iba así vestida?” ¡Gordo pelotudo! Como si llevar pantalones cortos y una remera cinco talles más grandes, fuera la incitación sexual más grande para... mejor no pienso en eso, mejor no pienso en eso»

«Mejor prendo la música del teléfono. No me va a venir mal algo de música» piensa él buscando en el bolsillo.

«Sí, metete la mano en el bolsillo porque ya no tengo miedo, sé defenderme y ni vos ni nadie, volverá a lastimarme» dice ella dándose coraje.

« ¿Cómo era esta mierda? botón verde, galería de música...»

«Yo hice lo que pude, los moretones se fueron, pero el morado del alma otra vez, no lo paso»

«Ma' sí, yo me mando y que sea, lo que Dios quiera.»

«Y ahora ¿Qué?, ya te vi, esta vez me di cuenta»

-Disculpame, ¿hace mucho que esperás?
-15 minutos- contesta ella cortante, dando un paso para atrás, midiendo la distancia que la separa del hombre.
-y ¿viste pasar algún 17?
-no.
-ah bueno, entonces, todavía tengo chances- dice él y le regala una sonrisa.

Ella, mirándolo por el rabillo del ojo, gira la cabeza como quien da por terminada la conversación y él, él entiende la directa y se aleja.

«Soy un tarado, la sonrisa del espejo no funcionó. Tiene linda voz, buen punto.»

«Estuve bien, me salió la voz de gata que se defiende... gata herida que sabe defenderse»

El policía quiso otro mate para no dormirse.
La noche avanzó lenta y se resbaló por la escalera del hospital como una gota de lluvia por una reja antigua; así, como se me resbaló medio café por la garganta.
Pero todavía me queda medio café y los dos colectivos, sin llegar...



continuará...

"La parada" (Cap. 1)

y veía con los ojos bien abiertos
en las madrugadas tan oscuras
la luna siniestra en el cielo.
Clarice Lispector.

Les voy a contar una historia —con principio obvio— que durará, lo que dure este café.
Como ven, estamos en esta avenida de Buenos Aires —más exactamente en la avenida Manuel Montes de Oca justo, cuando se cruza con la Avenida Caseros— barrio de Constitución.
Son exactamente las dos y veintiséis minutos, de la madrugada del miércoles.
Esta avenida que de día es un caos de tránsito y colectivos, no tiene ni las sombras de los peatones; solo unas pocas personas duermen justo ahí, en las escaleras del Hospital General de Niños "Pedro de Elizalde".
Para los que no conocen, estas calles están muy lejos de ser los metros más seguros de Buenos Aires. Es por eso que ese policía que está en la puerta —Cabo Eduardo Madero—, sacó panza; no por las famosas "papas a la crema" de Matilde —su mujer— sino, por el poco sentido que le encontró a su profesión corriendo ladronzuelos del barrio.
Ahí viene Ella.
Esa chica con paso acelerado salió del trabajo recién y la oscuridad de las cuadras, le hizo jurarse que otra vez, no se quedaría hasta tan tarde.
Y sí, Ella, tiene miedo.



continuará...

Remodelando el bar 2012

“Pero ¿dónde estaba yo, que me perdí?
Voy a empezar todo de nuevo,
y en otra línea y párrafo aparte, para hacerlo mejor."
Clarice Lispector



En el 2011 pasaron cosas buenas en el bar y para festejar, valía bien el esfuerzo de mudarnos a un lugar más grande, con nuevas mesas.
A fines del año pasado decidí abrir un espacio para mi fotografía: “¿otro blog más, Tuky?”. La respuesta en principio fue un “Sí!” rotundo (era hora de mostrar mis fotos) pero resultó que un blog netamente de fotos me hacía extrañar mis texto. Entonces, surgió la idea de agrandar el Bar y poner aquí no solo textos, sino las fotos y —ya que estamos, y como es gratis— poner también, los otros medios que uso para expresarme.
Así es que me ausenté del Bar y me puse de lleno a idear todo lo que podés ver ahora.
Cada sección está explicada y pueden ser navegadas desde el menú de arriba.
Para los que se pierdan, el Bar incluso, tiene un “mapa” (esto sí, que es modernidaT,
amigos!)
Obviamente, el bar no dejará de tener los cuentos pero ahora, puede aparecer alguna entrada que contenga sólo fotografías (algunas de estas entradas nuevas, ya pueden verlas navegando la etiqueta “Mi fotografía” que encontrarán a la derecha donde dice “Fotografía” o, desde el menú de arriba. Entradas escondidas sí las hay.
Espero que todo el tantísimo trabajo que me llevó pintar el Bar les guste.
Dicho todo esto…
Bienvenidos a Media Mesa y Feliz 2012 para todos!!




Pd: La dirección del bar cambió a www.tukyarte.com.ar por lo que (si no quieren perderse el bar) les recomiendo cambiar la dirección en sus propios Bares. El link de los RSS tiene la nueva dirección por si alguien usa un lector de Feeds.
Les agradezco si difunden esta info, porque no sé si quedaré sola (como loca mala) escribiendo sin nadie que se entere.

De Cortázar, el ombú y los gorditos

“Recaigo en la conciencia de que soy idiota,
de que cualquier cosa basta para alegrarme
de la cuadriculada vida”
Julio Cortázar


Ahí están ellos, se sentarán en ese espacio del jardín, sobre ese suelo de piedritas marrones.
¿Ves? ahí se sentaron, te lo dije.
Él sacará de su mochila un tarrito de frutas secas y ella le comentará que justamente hoy, a la mañana, le dijo a alguien: “me gustan las frutas secas”. Él, no se sorprenderá pero ella —internamente—, se preguntará: “¿cómo es posible que haya traído avellanas, bananas secas y nueces, justo cuando yo hoy, hablé de eso?” —convengamos que la pregunta no estará de más si tenemos en cuenta que hablar de frutas secas, no es lo mismo que decirle a otro “cómo llueve ¿no?”, mientras está lloviendo—
Así, bajo ese ombú de tronco grueso y brazos que desbordan de hojas verdes, los dos escucharán al hombre de voz maravillosa recitar al viento, las palabras de Cortázar.
¿Ves? ahí está, te lo dije, ella saborea una avellana.

Cuando quien recita diga: “Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear?” ella, será la idiota que lo mire sin que él, lo note.
Entonces, pensará: “es tan bonita tu mirada colgada del verdor del verano…” y tendrá ganas de confesarle: “me pierdo en tu perfil, en tu nariz podría dormir una siesta de verano y en tus labios... ¡qué brújula me traería de regreso si un día me robaras un beso!”. Ella, silenciosa le dirá también: “me pierdo en la palma de tu mano, ¿puedo rezarle mis poemas de planicies y no cobrarte nada?; y ya que estamos por medio de la presente, que se entere tu antebrazo, que es una catarata de agua dulce, y que yo, bien podría cantarle mil besos y cuatro caricias, en cuentagotas”.
¿Ves? se le nota en la mirada lo que piensa.

Sin embargo ella, comprimirá todo lo que siente al mirarlo, y le dirá una sola frase: “¿me hacés acordar de la palabra “verde”? — Porque claro, ella, no puede hacerle tamañas declaraciones y quiere recordar escribirlo— “Verde, ok” contesta él que ya está acostumbrado a sus pedidos insólitos; ¿lo escuchaste?
Ella se perderá en el tiempo, mirará las piernas estiradas de él sobre las piedritas, imaginará que se acuesta sobre ellas y también que él, él le acaricia el pelo mientras sonríen de las ocurrencias de Cortázar.

Cuando ella vuelva a este jardín y lo mire de perfil, y para sus adentros diga: “que pena que no me sepas”; bajará los ojos hacia las piedritas y buscará entre ellas, algo. No sabrá qué busca pero, recorrerá las formas y colores que todos pisan y pasan por alto.
Entonces, sucederá que ella notará que hay algo que no es una piedra, entre las piedras.
“Mirá! ¡un gordito!” dirá, como si hubiera descubierto un tesoro escondido o, la mismísima tumba de un famoso faraón.
Y cuando él vea — en la mano ajena—, un fruto seco de árbol; la escuchará decir: “¿Ves?, no importa como lo gires siempre se ve una carita”.
En ese exacto momento ella, saboreará ese perfume tan nuevo, ese perfume que es él. Él, mientras tanto, arqueará las cejas sorprendido de la insignificancia y sonreirá, sin saberse olido.
Ahí está, mirá como el labio de él se ilumina y como el pecho de ella, se traga todo el aroma.

Ella se preguntará si estarán escondidos más gorditos entre las piedras y pensará que los botánicos podrían hacerle juicio por nombrar “gorditos” a algo que posiblemente, tenga nombre griego, largo, e impronunciable.
Ahí, mirá, ella encontró otro gordito y otro más, y otro más.
En unos minutos, terminará el recital de cuentos; Cortázar se evaporará de este jardín y ellos, se pararán para aplaudir.
Te lo dije, el eco de las palmas compitiendo con el canto de los pájaros.
Caminarán por los pasillos naturales del jardín.
¿Los ves? ¿Ves como se filtran los últimos rayos del sol entre las hojas? ¿Ves como le brillan los ojos en la penumbra de ese árbol?

Luego, dejarán las palabras de Julio colgadas en las ramas del ombú y caminarán hasta aquel auto que lo llevará a él, hasta rumbos inciertos.
Se detendrán en la vereda y cuando el sol ya haya caído, se contarán los últimos sucesos de sus vidas con la rapidez de quien tiene que partir, pero no quiere despedirse.
Ahí están, los dos, al lado de los adoquines de la calle; únicos testigos de mis últimas predicciones.
¿Y ahora qué pasará me preguntás?
Todo el verde de la tarde en los labios y el bolsillo; repleto de gorditos.





Hablando a solas



después de tanto caminar, a veces, echas tan de menos algo
lo que te hizo parar tanto que luego dio pereza
de saber lo que no fuimos
a la vez la lucha te entregó sus armas
a nuestra vanidad de mostrarnos frágiles más que ayer

después te das cuenta
que nunca escribiste lo bueno que fue esperar que se hiciera mañana
y ves que estas muy bien, aunque no sientas nada
.

si las nubes cubrieran la ciudad
las paredes de esta habitación puede que cuenten siempre, otra verdad
te quedarás hablando a solas,
hablando a solas

se orilla ante la noche el día
y la vecina saca de su cajonera cosas que no expiran
palabras que no riman, melancolía de mi ciudad sería si fuera el mar

quien toque a mi puerta y me llene la casa
dejando que todas las cosas se vayan al fondo de mí
que revivan el día más profundo de este mundo


si las nubes cubrieran la ciudad
las paredes de esta habitación puede que cuenten siempre, otra verdad
te quedarás hablando a solas,
hablando a solas


mira mi bien
fue sólo ayer
que me esperaste sentado
en la esquina del bar
hablando a solas



(Alessio Arena)

La perra mujer

"Y fuiste abriéndome la piel
con helada delicadeza."
Mercedes Vendramini


Está decidido, ya está sentenciado: un día seré tu esclava.
Me dedicaré fielmente a la tarea de hacer lo que te plazca.
Lavaré con dedicación tu ropa y hasta te esperaré con la cena preparada.
Escucharé, cual geisha perfecta, la diatriba de tus hechos diario.
Sí, seré cautelosa, servicial y estaré plenamente enamorada.
Está decidido, un día, seré tu escava y llegará el momento en que se postrarán tus rodillas ante mi amor inmaculado. Y ese día, ese día me sacaré los grilletes que nos unan y vos llorarás años, el haberme perdido.
Mientras tanto, ¿podrías aflojarme este collar de no tenerte?


Luz en la caverna








Gracias enormes a Samuel Leví, Martín Angulo Medina

Ellos y vos

“Nadie podía vivir en el tiempo,
el tiempo era indirecto
y por su propia naturaleza
siempre inalcanzable”
Clarice Lispector

No, ellos no saben.
No saben que te espera ahí, mustio, el espacio vacío de mi cuerpo.
No saben que pasa el reflejo del sol y de la luna sobre el agua; y yo, yo te espero.
No, ellos no saben.
No saben de la vida que se pone vieja en plena risa, ni cómo se destiñe el cielo sin tu vida.
¡Qué pueden saber ellos! los que no saben de muelles que esperan en silencio, ni de mis manos húmedas, ni de mi esperanza en tu horizonte.
No, ellos no saben; y vos, tampoco.




Bonus del post: Ahora el Bar tiene página de fotografía, para quien guste: Tuky Arte

Fragmento de biografía verde

“Y yo, yo me disfrazaba como podía”
Clarice Lispector.

En el pozo, el pasto verde esperaba —cualquiera diría que no esperaba grandes cosas, porque obviamente, los pastitos verdes no tienen muchas cosas que esperar— pero éste, esperaba el tiempo.
El tiempo en el que el viento por fin se decidiera y soplando en dirección al pozo, lo premiara con una caricia.
En su verdor no escatimaba en sueños, por eso, también esperaba que el tiempo corra a su favor, que el sol lo envuelva, que el agua pura lo bañe; desperezarse una mañana y sentir el perfume de altas montañas.

¿Qué más podría hacer un montoncito de pastito verde excluido del mundo en una cárcel de pozo?...
Él, soñaba enamorado y mientras tanto —envuelto en oscuridad—, se disfrazaba de luz y esperaba.

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