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No todo lo que escribo da como resultado una realización, resulta más una tentativa. Lo que también es un placer. Pues no todo quiero abarcar. A veces quiero sólo tocar. Después lo que toco a veces florece y los otros pueden tomarlo con las dos manos.
Clarice Lispector

Un cuento



"Objetos con cualidades in..."

“La maldad
de los objetos inanimados

es incalculable”
(Agustín)



Me gusta encontrarme con él en el bar.
Me gusta su sonrisa amiga, su franqueza para decir las cosas mientras tomamos café.
Su vida, tan distinta a la mía no deja de asombrarme. Quizás por eso, a la hora de ver la solución a un problema, su existencia, me regala siempre un punto de vista que a mí se me escapó por algún lado.
Más que su forma de ver las cosas (ahora que lo pienso) no deja de asombrarme su capacidad de análisis.
Una tarde nos juntamos en el lugar de siempre.
Después de los saludos respectivos me sentenció firmemente: -la maldad de los objetos inanimados es incalculable-.
Abrí los ojos cual dos de oro (o, como los abriría una nutria narcotizada mirando la luna. Que para el caso es lo mismo) y saliendo del asombro mi boca dijo: -ajá, “la maldad de los objetos inanimados es in-cal-cu-la-ble” y, ¿me podés comentar cómo es eso?
Rogándome que preste atención, por considerarlo importantísimo, con total franqueza (casi susurrando) dijo:- a mí, a mí me golpean hasta los zócalos de casa-
Entonces, me contó que llevaba tiempo mirando lo que nadie ve y que pese a que al principio le dio vergüenza el tema -De un tiempo a esta parte ningún objeto escapa de mostrarme su malicia-
Obviamente, nadie en mi lugar interrumpiría su discurso.
Así que esa tarde me enteré de las “facultades delictivas” de algunos objetos inanimados.
Así supe que un encendedor no es un encendedor. En clara complicidad con las baldosas de las veredas puede llegar a ser (como mínimo) “psico-peluquero” y dejarte sin flequillo al prender un cigarrillo y (como máximo) puede ser “pirómano-kiler” (pero no detallaré porque tampoco es cuestión de andar aterrando al lector gratuitamente)
Un auto de cuyo espejo retrovisor cuelga una bolita de espejos (estilo luz de discoteca) es poco menos que un asesino a sueldo. Obviamente él, me explicó que los autos con esas decoraciones diabólicas son los mismos que van para atrás cuando uno quiere ir para adelante; ocasionando así, infinidad de golpes a los ojos del conductor.
Para no alarmarme no quiso leerme el resultado (en porcentajes) de la cantidad de tuertos y chichones varios que había contado por esa “asociación ilícita” de objetos inanimados.
Sin embargo, sí me dijo que el 97,75% de traumatismos (quemaduras, electrocuciones y demás lesiones) son perpetrados por los objetos inanimados sobre humanos que cuentan con cierta característica de personalidad.
Cuando le pedí que me desasne ese 97,75% lo resumió en pocas palabras: -agarráte Catalina cuando uno dice “como que me llamo tal que yo, yo lo arreglo”. Basta que uno diga esa frase (que en realidad es la contraseña universal) para que los objetos inanimados abran las compuertas de su odio y envistan ferozmente contra el emisor... nada es peor que los objetos inanimados cuando se ensañan... Y si no, preguntáte ¿cuántas veces dijiste “eso” sin terminar siendo noqueado por un cuerito de la canilla?-
Levanté mis cejas (¿qué más se puede hacer ante datos tan contundentes?)
Pero ahí no terminaba el tema (no señores, él, él si ve un problema tiene que solucionarlo) por eso y en mitad de su discurso, sacó (no sin esfuerzo) un papel de su bolsillo en el que había escrito: “la gravedad del problema exige fortalecer las iniciativas sociales y gubernamentales. Es urgente prevenir sobre el terrorismo cotidiano al que nos enfrentamos, así como poner fin a la impunidad de los objetos inanimados. El país, ¿qué digo?!!, el mundo entero, tiene que ser conciente de la amenaza de éstos delincuentes; porque llegará el día en que lavar una cuchara será como darle un arma a un niño”
Aquellas palabras eran parte de una extensa carta que mandaría al ministerio de defensa para que tome las medidas pertinentes.
-porque tampoco es cuestión de descubrir tremenda mafia y no informarlo ¿viste?-
-y sí, después de tanta investigación de campo sería un desperdicio-
La palabra “desperdicio” lo llevó a relatarme que hasta la primera tesis del carbono 14 es una conspiración. Porque (como todos sabemos) el carbono 14 sirve para datar un objeto sin vida, pero lo que la gente NO sabe, es que esa tesis fue escrita por un lápiz (negro, nro. 08, de industria japonesa) que “casualmente” fue el mismo que originó el tropiezo y rotura de cadera, de la tía abuela de la secretaria del investigador.
–el carbono 14 no data con extrema exactitud por “errores” que ocasionaron los objetos de los primeros experimentos. ¿O vos te pensás que con la inteligencia del ser humano no podemos datar con exactitud un año de algo? ¡a mí, a mí no me engañan! ¡es obvio que podemos! lo que pasa es que “ellos” se confabulan, se complotan y ¡¡zácate!!! ahí tenés, un error perpetuado en el tiempo y un montón de humanos sufriendo las consecuencias!!!-
Viendo que mi interlocutor estaba poniéndose rojo de la indignación dije para distraerlo: -que bárbaro, pobre la cadera de la tía abuela de la secretaria del investigador-
Y él respirando como quien se para frente a un féretro con la frase “no somos nada” en la mirada dijo: -los lápices no tienen respeto ni por los parentescos-
Después de varios sorbos de café y ojeadas perdidas a los peatones que pasaban, pregunté ilusa: -¿y no serviría la luminiscencia para datar un objeto inanimado?-
Así me enteré lo que las estadísticas demuestran:-al someter cualquier objeto a una radiación ionizante, automáticamente cae TODO un juego de vajilla en alguna parte del planeta. Obviamente, porque los objetos inanimados perpetran casi el 99,9% de los casos en condición de “represalia”-
Es por ésta misma condición conspirativa que basta con el humilde acto de arreglar un inodoro, para que (en otra parte del mundo): se tape un lavarropas, se derrita un tapper en el microondas, se raye un dedo, se pierda una boleta de teléfono, no suene un despertador, se explote una yanta, se cuelgue una computadora (o para ser más exactos, el 74.37% de terminales con Windows vista), se cierre un libro sin señalador, alguien se quede encerrado afuera del departamento y/o, te salpique en la esquina un colectivo de la línea 54 (por mencionar los ejemplos más comunes).
Él me comentó que, incluso, ya tenía grupos para describir el “reino inanimado” y que así como nosotros tenemos coleópteros, artrópodos, etc. en dicho reino abundan las categorizaciones.
Obviamente hice silencio cuando afirmó que no podía explicarme la diferencia entre un “cosastropo” y un “cosascopio” porque era evidente: –todos saben que “tropo” significa “se dirige hacia” y “scopio” viene de visión, sacá cuentas...-
Cuando, así como quien no quiere la cosa, le expresé que me preocupaba un poco su seguridad, me respondió que él no era tonto, y que la última medida tomada en su casa, había sido atar todas las sillas con hilo (de caja de pizza) para demostrarle a todos los clavos, lo que les pasará si dejan caer otra maceta en su cabeza. Claro, que no me atreví a preguntar qué les pasó a las ataduras de sus sillas, ni cuándo se le cayó una maceta en el marote, ni para qué serviría datar la fecha de creación de un cosastropo.
Algo aliviada me quedé (debe confesarlo) cuando dijo: -vos quedáte tranqui porque por suerte yo, te lo cuento a título informativo... de ser otra persona, yo me limito a decir “no me creas y multitudes de objetos inanimados irán por ti y ahí, ahí sabrás cuantos pares son cinco esquinas de escritorio”-
Un silencio con gusto a noche cayó sobre la mesa del bar y él tiró: -¿y? ¿vos que pensás?
Para ser honesta, pensé en contarle de aquella vez que el ruedo de mi pantalón se enganchó en el asiento del taxi y evitó que pierda la pierna cuando un conductor se llevó mi puerta; o de la vez que no encontré las llaves y la demora me ayudó a viajar sentada en el subte siguiente, evitándome quién sabe que cosas.
Pensé en decirle “la bondad de los objetos inanimadas es inconmensurable”, pero ¿quién soy yo, para decirle al otro como tiene que vivir su vida? Por eso, cuando él clavó sus ojos en mí insistiendo con su: -¿y? ¿vos qué pensás?- yo le di mi respuesta más sabia: -yo, yo no sé nada.
Y pedimos otro café.
-de no creer che!!- exclamamos los dos al mismo tiempo.
El mío tenía extra crema y el de él... le quemó la lengua.





4 comentarios:

jaja... es muy bueno.
Yo pasé de una teoría a la otra en poco tiempo.
Mi frase hace 5 o 6 años era: "Los objetos me boludean".
Ahora sé que las causas que mueven el universo son las que mueven los objetos.

Eso sí... torpe voy a seguir siendo. jajaj

¿"universalmente torpe"? porque sino no tiene gracia jajaja

ah sí sí
en casa de vez en cuando padecemos de lo que yo llamo "la rebelión de los objetos inanimados"
que es cuando empiezan a romperse en masa, sin contemplar la fecha del mes y todo lo que falta para cobrar
(yo creo que lo hacen por empatía... entre ellos, porque lo que es con nosotros... :/ )

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Gracias por leerme y el honor que sentiré al leer tu comentario. Para quien escribe, los comentarios son el alimento que me da ganas de seguir. Si no contesto no es por falta de respeto, es que a veces falta el tiempo y otras (muchas veces), los comentarios por sí solos, forman un post que amerita mi silencio atento.
Sí, todos los leo. Así que: ¡Gracias por estar ahí!
Como siempre:
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