
No, no ganaron
los que sentados se quedaron
sopesando sueños ajenos.
No, no ganaron la calma de las almohadas,
no ganaron la ternura de tus manos pequeñas;
ni siquiera, ganaron esas sonrisas
de cuando parece, que ya nadie queda.
No ganaron los dedos señalando,
no, no ganaron los que juicios que sobraban.
No, no ganaron ellos
ganó el arte, que echó raíces.
Claudia Waingan




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