La semana pasada (si mal no recuerdo sábado o domingo) salí a regar las plantas.
Mientras estaba ocupada con tan “interesante” tarea, noté que las rejas de mi balcón (que son de color verde) estaban pidiendo a gritos una mano de pintura.
-apa, apa, Tuky, sería interesante comprar un tarrito de pintura y meterle mano a esto- pensé.
Llega el Jueves.
Mientras estaba hablando con Horacio (justamente de que quería pintar un cuadro), me tocan el timbre.
Opciones posibles del sonido = mi conserje. ¿Qué otra persona osaría tocar el timbre de mi puerta?
-¿quién es?- pregunté mirando por la mirilla
- soy el pintor, señora-
Abriendo la puerta le dije: -se debe haber equivocado porque yo, no llamé a ningún pintor-
El buen hombre me explicó que a cargo del consorcio corría el gasto de pintar las rejas de los balcones, y me pidió que desalojara mis plantas porque por la tarde le tocaba el turno a mi balcón.
Vaya sorpresa. Aquello que yo había pensado, zácate!! hecho realidad.
El balcón, dicho sea de paso, quedó impecable.
Llega el viernes.
Me desperté como a las 8 (cosa más que extraña para alguien que se despierta entre las 13 y 14)
Me agarró un ataque de consumismo (si se lo puede llamar así)
Hace un tiempo que quería comprarme un mueble para el televisor y el home theatre que compré hace poco.
Entonces pensé: -podría ir a caminar a ver si encuentro una mueblería que me traiga el mueble hoy mismo-
Así que salí con el sol, a caminar el barrio.
Y ocurrió que encontré una mueblería.
El tipo sentado en la puerta me gritó “NO ENTRES!!” y después aclaró: -es que el piso está mojado-
Otra señorita intentó hacer lo mismo y enojada por el grito del hombre se fue.
Pero yo, yo me quedé.
Vaya a saber porque, le empecé a hablar estando a dos metros de distancia.
Le expliqué que andaba buscando un mueble para mi tv y para mi equipo de música.
Al preguntarle si hacían entregas a domicilio dijo: “si querés éste mueble, mirá” y señaló el mismo mueble que estaba embalado, ahí mismo, esperando ser entregado.
Y resultó ser que era más económico de lo que yo pensaba y, por los ahorros que tenía, marche a Tukylandia una mesa ratona con un puf.
Así que contenta de que lo comprado llegaría a casa “esa misma tarde”, me compré una planta. Un palo de agua hermosísimo que a gritos decía “tuky llevame”
Y de pasada, y ya que estamos, le compré al palo de agua una macetita japonesa que vino de regalo con una lámpara roja.
¿Y ahí terminó la historia?
Nop.
Porque cuando llegué a casa me agarró el ataque.
Cambié todos los muebles de lugar, barrí, pasé un trapo, puse al palo de agua en su nueva casita y al ver todo limpio y ordenado a la espera de los nuevos integrantes decorativos dije: “faaa tuky, cuanto que se puede hacer en una mañana cuando el universo conspira”
Llega el sábado.
No sé porqué vuelvo a despertar a las 8 de la mañana.
Termino de conectar todos los aparatos.
Tukylandia parece otra.

Mi palo de agua sonríe desde su maceta y yo: “¿Qué hacemos Tuky?”
Se me ocurre pintar.
Así que salgo bajo el sol (nuevamente) a buscar un bastidor para un nuevo cuadro.
En “el mientras tanto” Mariano (amigos fieles sí, que quedan) tira un “quizás paso a tomar unos mates”
De camino a la artística algo me dice “juégale a la lotería al 19”.
Le regalo 10 pesos a la mujer que me atiende.
Sigo viaje.
Compro el bastidor.
Al rato llega Mariano que me ayuda a colgar mis cuadros.
Tomamos unos mates y él, sigue viaje.
Me quedo en casa.
Se me ocurre pintar unos portarretratos que tenía y los cuelgo sintiéndome orgullosa de más cambios en Tukylandia.

Me siento y pongo un dvd.
Escucho música, mientras dibujo mi nuevo cuadro.
Y miro a mi alrededor y la casa parece tan distinta... con los nuevos muebles, con todo hermoso y prolijito.
Muy cómoda me tiro en el sillón a saborear la música, a disfrutar de la lámpara roja que me compré.
No sé por qué en cierto momento digo “Tuky, ¿por qué no acomodás la biblioteca?
Mi biblioteca (para los que no lo saben) está ordenada según el color de los lomos de los libros.
Mientras estaba en esa tarea, me acordé que dentro del nuevo mueble, había metido unos cuantos libros que bien se merecían estar a la vista en los estantes.
Así que mientras el dvd cantaba, saqué la pila de libros y me senté en el suelo a acomodar los libros por color.
Y aquí viene el “detalle”
Como conté más arriba jugué a al lotería y no gané, lo cierto es que al ver que no había ganado dije “no importa, el dinero llegará solo”
¿Y que pasó?
Mientras estaba en la tarea de acomodar los libros, de uno de Saramago caen 20$
Abro el libro y encuentro más dinero.
Un total de 300$ dentro del libro, que no tengo ni la menor idea de cómo y cuándo los puse ahí.
¿A cuento de qué venía todo eso?
Ah! si, a que esta semana dije:
“quiero las rejas de mi balcón pintadas” y las tuve
“quiero muebles hoy” y los tuve en el día.
“quiero dinero” y Saramago me regaló 300$
Conclusiones:
o el universo está a mi favor,
o tengo un culo bárbaro.
pd: no saben que bella que es la luz roja, en éste momento, en el living, mientras yo tipeo en el cuarto a oscuras.

Mientras estaba ocupada con tan “interesante” tarea, noté que las rejas de mi balcón (que son de color verde) estaban pidiendo a gritos una mano de pintura.
-apa, apa, Tuky, sería interesante comprar un tarrito de pintura y meterle mano a esto- pensé.
Llega el Jueves.
Mientras estaba hablando con Horacio (justamente de que quería pintar un cuadro), me tocan el timbre.
Opciones posibles del sonido = mi conserje. ¿Qué otra persona osaría tocar el timbre de mi puerta?
-¿quién es?- pregunté mirando por la mirilla
- soy el pintor, señora-
Abriendo la puerta le dije: -se debe haber equivocado porque yo, no llamé a ningún pintor-
El buen hombre me explicó que a cargo del consorcio corría el gasto de pintar las rejas de los balcones, y me pidió que desalojara mis plantas porque por la tarde le tocaba el turno a mi balcón.
Vaya sorpresa. Aquello que yo había pensado, zácate!! hecho realidad.
El balcón, dicho sea de paso, quedó impecable.
Llega el viernes.
Me desperté como a las 8 (cosa más que extraña para alguien que se despierta entre las 13 y 14)
Me agarró un ataque de consumismo (si se lo puede llamar así)
Hace un tiempo que quería comprarme un mueble para el televisor y el home theatre que compré hace poco.
Entonces pensé: -podría ir a caminar a ver si encuentro una mueblería que me traiga el mueble hoy mismo-
Así que salí con el sol, a caminar el barrio.
Y ocurrió que encontré una mueblería.
El tipo sentado en la puerta me gritó “NO ENTRES!!” y después aclaró: -es que el piso está mojado-
Otra señorita intentó hacer lo mismo y enojada por el grito del hombre se fue.
Pero yo, yo me quedé.
Vaya a saber porque, le empecé a hablar estando a dos metros de distancia.
Le expliqué que andaba buscando un mueble para mi tv y para mi equipo de música.
Al preguntarle si hacían entregas a domicilio dijo: “si querés éste mueble, mirá” y señaló el mismo mueble que estaba embalado, ahí mismo, esperando ser entregado.
Y resultó ser que era más económico de lo que yo pensaba y, por los ahorros que tenía, marche a Tukylandia una mesa ratona con un puf.
Así que contenta de que lo comprado llegaría a casa “esa misma tarde”, me compré una planta. Un palo de agua hermosísimo que a gritos decía “tuky llevame”
Y de pasada, y ya que estamos, le compré al palo de agua una macetita japonesa que vino de regalo con una lámpara roja.
¿Y ahí terminó la historia?
Nop.
Porque cuando llegué a casa me agarró el ataque.
Cambié todos los muebles de lugar, barrí, pasé un trapo, puse al palo de agua en su nueva casita y al ver todo limpio y ordenado a la espera de los nuevos integrantes decorativos dije: “faaa tuky, cuanto que se puede hacer en una mañana cuando el universo conspira”
Llega el sábado.
No sé porqué vuelvo a despertar a las 8 de la mañana.
Termino de conectar todos los aparatos.
Tukylandia parece otra.

Mi palo de agua sonríe desde su maceta y yo: “¿Qué hacemos Tuky?”
Se me ocurre pintar.
Así que salgo bajo el sol (nuevamente) a buscar un bastidor para un nuevo cuadro.
En “el mientras tanto” Mariano (amigos fieles sí, que quedan) tira un “quizás paso a tomar unos mates”
De camino a la artística algo me dice “juégale a la lotería al 19”.
Le regalo 10 pesos a la mujer que me atiende.
Sigo viaje.
Compro el bastidor.
Al rato llega Mariano que me ayuda a colgar mis cuadros.
Tomamos unos mates y él, sigue viaje.
Me quedo en casa.
Se me ocurre pintar unos portarretratos que tenía y los cuelgo sintiéndome orgullosa de más cambios en Tukylandia.

Me siento y pongo un dvd.
Escucho música, mientras dibujo mi nuevo cuadro.
Y miro a mi alrededor y la casa parece tan distinta... con los nuevos muebles, con todo hermoso y prolijito.
Muy cómoda me tiro en el sillón a saborear la música, a disfrutar de la lámpara roja que me compré.
No sé por qué en cierto momento digo “Tuky, ¿por qué no acomodás la biblioteca?
Mi biblioteca (para los que no lo saben) está ordenada según el color de los lomos de los libros.
Mientras estaba en esa tarea, me acordé que dentro del nuevo mueble, había metido unos cuantos libros que bien se merecían estar a la vista en los estantes.
Así que mientras el dvd cantaba, saqué la pila de libros y me senté en el suelo a acomodar los libros por color.
Y aquí viene el “detalle”
Como conté más arriba jugué a al lotería y no gané, lo cierto es que al ver que no había ganado dije “no importa, el dinero llegará solo”
¿Y que pasó?
Mientras estaba en la tarea de acomodar los libros, de uno de Saramago caen 20$
Abro el libro y encuentro más dinero.
Un total de 300$ dentro del libro, que no tengo ni la menor idea de cómo y cuándo los puse ahí.
¿A cuento de qué venía todo eso?
Ah! si, a que esta semana dije:
“quiero las rejas de mi balcón pintadas” y las tuve
“quiero muebles hoy” y los tuve en el día.
“quiero dinero” y Saramago me regaló 300$
Conclusiones:
o el universo está a mi favor,
o tengo un culo bárbaro.
pd: no saben que bella que es la luz roja, en éste momento, en el living, mientras yo tipeo en el cuarto a oscuras.


















