Y ahora es cuando este blog se pone a hablar de un tema reiterativo. Ahora es cuando empezaré a repetir el mismo tema una y otra vez, hasta aburrir.
Ayer tomé una decisión importante para mi existencia: dejar de vivir sola.
Desde hace tiempo vengo pensando en mi libertad, mi cero responsabilidad y mis ganas de hacer mimos.
Desde hace casi 3 años no vivo con nadie, así que “llegó la hora”, dije; y así como con mucha solemnidad exclamé: “voy a adoptar un gato”
La gente suele adoptar gatos por compañía, porque les gustan yo además, tenía un bonus: en la separación quedó Coca con su dueño, tener un gato entonces, era algo importante para mi.
El gato que me eligiera como dueña, debería confiar en mi como única responsable y eso... estuvo en duda hasta ayer, ¿podría yo cuidar de otro ser vivo?
Cuestión que ayer entré a la página de un centro de adopción y vi dos: una hembra y un macho.
Me decidí por la hembra así que llamé por teléfono y terminé yendo a ver.
Un negocio de persiana baja me estaba esperando. Después de golpear despacito la puerta la chica me abrió.
Me preguntó mis horarios, a qué me dedicaba, si vivía sola. Resultó que te “evalúan” para la adopción.
-Bueno, vamos a mostrarte- dijo al fin.
En total había quince jaulitas con máximo tres gatitos cada una.
En la primera jaula la chica comentó: -ella tiene 5 meses-. Una gata blanca y marrón me miró con cara de “tomátelas”.
En la siguiente jaula había tres, entre los que estaba la gatita que yo había visto en la página web. Pero al verla sentí que no era. Sí, era bonita, una gatita perfecta, pero no era ella...
Y pasamos por otras tres jaulas, toqué gatitos y escuché sobre sus personalidades, pero ninguno era.
Llegué a dos jaulas, en la de arriba había una gatita blanca y negra que en cuanto la chica abrió la puerta se le abalanzó para jugar. Era un pegote, no había forma de ponerla de nuevo en la jaula, mientras la mujer lidiaba con esa felina (que desde el primer momento me pareció insoportable), mis ojos cayeron en la jaula de abajo.
Acurrucados había tres gatitos, uno encima del otro durmiendo. El mas alejado de todos era gris.
Abrimos la jaula y los dos negritos se acercaron. El gris levantó la cabeza y me miró fijo a los ojos. En ese momento, desaparecieron absolutamente todos los gatos del planeta, solo había uno y yo, yo solo llegué a decir “me enamoré...”
Caminó hasta la puerta, se paró en dos patas y levantó los brazos para que lo agarre.
La mujer dijo algo como “parece que es mutuo”.
Solo lo acaricié.
-tenés los ojos saltones como Juddi Krishnamurti- le dije al gato mientras la mujer me miraba con cara de no tener ni puta idea de quién hablaba. Así que aclaré que era un filósofo
Y ahí sucedió el milagro, le pregunté con vos solemne “¿te gustaría vivir conmigo?” y esa miniatura dijo “miauu” mirándome. La chica se rió y yo, yo había encontrado a mi compañero de ruta.
-Es él- le dije
-Entonces, vayamos a hacer los papeles-
Me senté en una silla y él, estaba sentadito justo adelante de la puerta de la jaula, esperando. Desde lejos me miraba como diciendo “dale, nena, que quiero rajar”
Y después, escuchar todas las indicaciones y, por fin sacarlo de la jaula y, viajar a casa.
-no te preocupes si se esconde, o si está quieto, la adaptación dura 2 o 3 días- me dijo.
Adaptación que le llevó 10 minutos.
Bastó llegar y ponerlo arriba del sillón para que el tipo baje con toda la confianza y se ponga a caminar por la casa. Yo, dos pasos más atrás, lo seguía para ver qué hacía.
En el cuarto miró todo y me dijo “miau” (creo que eso debe ser algo como “no está tan mal tu cuchitril, querida”). Lo mismo hizo en la cocina y en el baño.
Después me persiguió mientras ordenaba sus cosas (piedritas, agua, comida)
Y justo adelante de la biblioteca empezó a maullar. Sólo cuando lo levanté me di cuenta que era justamente eso, lo que quería. Así que ahí, delante de los libros me dio el primer beso, y yo, obviamente me hice agua gatuna.
Y jugamos un rato y de la adaptación quedó solo la palabra porque Juddi se apropió de la cama, escribió en el jardín zen “de ahora en adelante Tukylandia es mía” y tuvimos un cruce de palabras cuando entré a bañarme. Adaptación : 0 Confianzudo: On
Resulta que yo estaba en la bañadera y el tipo a un costado, mirando. Otra vez empezó a maullar así que le dije “mirá man, la idea es que no seas quilombero” el tipo se me miró fijo dijo “miauu miau” (que claramente significa: “andate a la puta que te parió”) y salió del baño para jugar con su pelota de plumas.
Y sí, me hizo reír varias veces; y por el mismo precio me hizo llorar también.
Yo estaba en la silla sentada, en el borde de la cama estaba un chiche con plumas, así que el tipo desde abajo me maulló claramente, señalándome el juguete. Pero esta vez no lo subí (tampoco, es cuestión de criar un gato dependiente)
Me puteó dos veces y a la tercera me clavó los ojos, saltó sobre la frazada y comenzó a escalar con gran esfuerzo hasta la sima.
Y al fin llegó, se sentó en las patas trasera y su mirada decía “¿viste? yo puedo, nenita”
Y yo, que me doy por vencida más de una vez, vi en esa miniatura de gato una bonita enseñanza... no te des por vencida... y lloré de emoción.
Me arrimé para tocarlo y le dije “¿te das cuenta que ahora no me puedo matar por tu culpa?” Juddi puso cada una de sus patas delanteras en mis mejillas y me acarició la nariz con su hocico miniatura.
Y no es que lo diga de fanática pero este gato y yo, tenemos algo...
Tiene una energía tan bonita, Juddi brilla...
Sí, vivo con un gato... Juddi Chuchée, que se lee “yudi yuyé”, obviamente, con tono francés.




5 comentarios:
3 minutos con 18 segundos de absoluta ternura
re morfable...
:)
Felicitaciones! y rascadita de cuello para yudi yuyé
(si sabía lo invitaba al cumple :þ )
Me ENCANTÓ la noticia. Felicidades!!!
(también me recopó la voz sexy grrr)
Gracias Chiru.
Feliz cumple espiritual desde acá!! :)
Gracias Agus :)
¿voz sexy? yo no le sentí voz sexi a Juddi :)
mse mse, hacete la fea nomás.
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