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No todo lo que escribo da como resultado una realización, resulta más una tentativa. Lo que también es un placer. Pues no todo quiero abarcar. A veces quiero sólo tocar. Después lo que toco a veces florece y los otros pueden tomarlo con las dos manos.
Clarice Lispector

Memoria de fresias

Cierto, yo tenía un blog. Me lo recordó un lector que después de meses de no hablarnos me dijo algo como: “anduve por media mesa porque te extrañaba”
Y entonces elegí usar esa frase para entretenerme con esos pensamientos que no llegan a ningún lugar. Permitirme la licencia de sacar de contexto algunas frases me resulta entretenido, sobre todo cuando la oficina vacía y el teléfono silencio no molestan para escuchar cosas como estas
¿Se puede volver a algún sitio?
Esta semana hablando con Eusebio salió la frase: “las fresias no se marchitan en los recuerdos, ese sea, a lo mejor, el don de la memoria.”
Todo vino a cuento de preguntarnos si alguna vez habíamos corrido por amor, como en las películas cuando alguien se pone el corazón en la mano para alcanzar un avión y gritar “te amo” como si fuera un pecado morir sin decirlo.
Yo, recordé la vez que iba con en el subte.
Esa noche él se bajaría en la combinación del subte, se tomaría el otro, iría a su casa a dejar unas cosas y después saldría rápidamente a lo de un amigo para volver bien tarde a su casa yo, en ese mismo lapso de tiempo, seguiría hasta retiro para después tomarme el tren y llegar a mi casa.
Pero resultó que cuando estaba a mitad de camino, arriba del tren, dije “si me bajo ahora y vuelvo todo el trayecto andado, si ahora mismo me bajo y corro a sentarme en la puerta de su casa y él llega... entonces, entonces será la prueba de que es él”
Así que bajé corriendo en una estación y emprendí el viaje de regreso. Y no había celular diciendo “estoy yendo, no te vayas” porque cuando se le pregunta al destino algo, es inútil hacer trampas. Él no sabía que yo iría.
Y entonces, el subte, y entonces el otro subte y entonces, compré un ramo de fresias y sin tocar el timbre me senté en invierno en la puerta de su casa.
Recuerdo preguntarme -¿qué hago acá si él ya se fue?-, recuerdo también jurarle al destino: -esperaré media hora y si no aparece me voy con esa respuesta-
Yo miraba las fresias que envueltas en un papel metalizado se movían con el viento del invierno. Recuerdo que la mirada se me perdió en la cinta roja que las mantenía juntas.
-¿que hago acá?-
Entonces levanté la vista y a unos metros él sonreía con una sonrisa capaz de derretir los polos, corrió hasta mi. El amigo que venía al lado dijo “Es ella?!! no lo puedo creer!!”.
Él y me dio uno de esos besos más hermosos que jamás me dieron, y si no fuera porque los años pasaron como tantas otras cosas, podría decir que en ese momento, el tiempo se detuvo.
Esa fue la primera vez que una mujer le regaló flores, fue la primera vez que su amigo creyó en las conexiones. Porque resulta que efectivamente él fue a lo de su amigo y subieron a un colectivo para ir a otro lado, y cuando estaban sentados él dijo –tengo que volver a casa-. El amigo preguntó si se había olvidado algo y él dijo: -no, no sé porque pero tengo que volver a casa a hora mismo- y se bajó del colectivo cual loco poseso.
Pasaron siete años desde aquella pregunta al destino y todavía están en mi memoria, intactos, los detalles. Su ropa y la mía, el perfume de las fresias, su sonrisa y la luz de la calle que parecía hacerlo brillar.
“las fresias no se marchitan en los recuerdos, ese sea, a lo mejor, el don de la memoria.”
Nunca más volví a correr, ni a hacerle preguntas al destino, pero cuando escucho una canción, o una música suave me gusta volver a esos momento. Cerrar los ojos y pensar que estoy ahí.
No sé si la gente volverá a algún lado en los recuerdos.
Quizás el don de la memoria ayuda en momentos como estos donde me siento enamorada de una melodía. Momentos como este, donde la soledad no pesa, ni alivia, ni salva. Donde la soledad tiene gusto a pregunta: ¿La gente seguirá corriendo por amor?

2 comentarios:

por lo pronto me voy al mercado.
como verás lo mío es hacer comentarios profundos. Usted sabe a qué me refiero cuando digo mercado. Guiño, guiño.

Besos!

me recordaste que también regalé fresias a un hombre, lástima que no valía ni el celofán (pero esa es otra historieta)

más allá de todo, tu historia es... tierna, muy

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