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No todo lo que escribo da como resultado una realización, resulta más una tentativa. Lo que también es un placer. Pues no todo quiero abarcar. A veces quiero sólo tocar. Después lo que toco a veces florece y los otros pueden tomarlo con las dos manos.
Clarice Lispector

4:50 de la mañana.

Sí. Yo despierta deambulo por la casa, y Cláris, que aún si está dormida, se levanta para perseguirme como una sombra con patas.
Voy a la cocina por un vaso de coca, agarro un libro y lo llevo de la mesa de luz al escritorio, ahí queda.
Camino por el living y miro todo como si la casa fuera de otra persona.
Miro la noche por la ventana. “todos duermen” pienso. ¿Será que nací para velar el sueño de los extraños? pienso sin respuestas.
Y fumo. Sí, siempre fumo.
La lámpara roja al lado de un televisor que vaya uno a saber cuánto hace que no prendo.
El palo de agua necesita agua. “La noche puede ser redundante también” pienso.
La canilla se abre, el vaso se llena, Cláris se sienta en la puerta de la cocina y me mira.
La planta se traga el agua.
Camino al escritorio.
Estas medias, de dos por diez pesos en Constitución, patinan.
Miro la pantalla en blanco preguntándome: ¿qué podría escribir en momentos como estos en los que la noche silenciosa es un atentado, un grito callado que pide a mis dedos tipear algo?
Escribir. ¿Para qué? quizás para dar cuenta de que existo, aún, en el mundo.
Miente la noche.
Miente esta esperanza de decirme: “este será el último sábado sintiendo esto, sin este: sin sentir...”
Miente el optimismo de que todo está bien, y también miente este enojo que no es enojo sino hastío, tedio, cansancio.
Todo el día escuchando música. Me entretuve todo el día bajando discos. Un link me dio curiosidad y bajé un disco y busqué su letra. Y no paré ahí, porque después vino otro disco, y otro buscar, otro bajar, y otra vez que cada canción tenga su autor, su carpeta, su tapa de disco, su género.
Salí de casa sólo para buscar comida para Cláris (la única conexión con un mundo real, últimamente)
Y me di cuenta del frío cuando la lluvia me mojó la cara. Tres hombres tuvieron el mismo efecto en la última semana, no lloré por ninguno, no sentí por ninguno. ¿Es mentira eso? No. Aprendí a no sentir.
Alguien se preocupó por mi esta semana, él tiene miedo que pierda mi capacidad de sentir, mi esperanza en el amor. Le preocupa que todo me de igual.
Y yo me partí en dos. Ya no creo, ya no espero nada. Una cosa es decirlo y otra muy distinta es sentir un...¿Cómo explicarlo?... un “ya está, ya no hay más”
"se me ocurrió que tal vez aquel universo de cartón piedra que yo daba por bueno no fuese más que un decorado"
No. No es estar triste. No, no es estar mal. Es sentir que la vida te vive, que nada es cierto.
Es sentir que miente cualquier hombre que se acerca. Y aún así, hacer, estar, sabiendo que miente, que me miento.
Es sentir que no hay nada puro.
Y sí, los amigos están, y la familia está, y las cosas que te hacen reír de vez en cuando están. Pero llegás a casa y en el silencio de uno sentir que... nada hay.
Es sentir que te esperanzás, que escribís cosas bonitas, que sonreís, que seguís.
Y es justamente, ese seguir constante, constante, constante, lo que cansa.
Sentir que los cuerpos salen de mi y de mi, nadie se llevó nada. Nadie conoció verdaderamente nada, aún, viéndome desnuda.
Y la noche sigue.
Un extraño estuvo en mi cama hace dos días. Después de tener su orgasmo, me hizo una pregunta sobre el amor que contesté honesta, tranquila, sin preocuparme por lo que pudiera pensar.
Contesté con total franqueza. Con esa franqueza con la que uno contesta cuando no espera nada del otro.
Él, era un cuerpo perfecto, bello, un extraño que no sabía más que mi seudónimo y mi signo del horóscopo.
Al escuchar mi respuesta, que me salió casi susurrando en la penumbra del cuarto, dijo con voz triste: “te rendiste”
Dos lágrimas cayeron de mis ojos, él, jamás se enteró. “Creo que te pediré que te vayas” respondí.
Y el extraño se fue 45 minutos después de entrar en mi casa, y nada cambió.
Sentir que nada equilibra.
Como si te depilaras tres veces, para tres hombres distintos, para tres citas y tres veces no llegases a un orgasmo y a ninguno le importó y ninguno, se enteró y, ni siquiera me gasté en fingir.
Ninguno supo quién soy. Ni cuánto brillo.
Sentir que ya ni siquiera importa que se enteren.
Ya no creer.
Sentir que todo, todo, respecto al amor...me da igual.
Ya no creer y ni siquiera poder sentirme triste, por eso.



Miente,
la cicatriz sobre mi frente
y la niñez donde fui fuerte alguna vez.
Miente,
cada intención de contenerte,
una emoción que se arrepiente de nacer.

Vuelvo a girar
en remolinos de palabras sin nombrar,
fotos perdidas que no volveré a encontrar,
tanta mentira que resiste en soledad
y niega la verdad.

Puente
será tu cuerpo tendido entre
mi tiempo perdido
y tus manos...

Mienten,
la religión y los creyentes,
la libertad, la fe, la suerte,
la salvación, tu amor,
la muerte.

Miente,
cada intención de contenerte,
una emoción que se arrepiente de nacer.


Y esta pena.
Y tus manos.
Y la vida.

Miente.

4 comentarios:

podría decir tantas cosas, pero todas me sonarían vanas en éste momento.
Te leí.
Me entristecí en algunos párrafos.
Y en otros me dije: No, no se va a dar por vencida, ésto es pasajero... (y ansío que sea verdad)

Sí, eso le dije a quién se preocupó por mi esta semana "es pasajero, no se puede ir mucho tiempo contra lo que uno es"

Qué relato más duro y a la vez que manera de transmitir.

Sí, esos son mis relatos "oscuros". Así son esos momentos donde me siento perdida, donde descreto hasta del aire que respiro.

Gracias por leerme para atrás. No todos lo hacen.

Saludos, sin mentiras

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