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No todo lo que escribo da como resultado una realización, resulta más una tentativa. Lo que también es un placer. Pues no todo quiero abarcar. A veces quiero sólo tocar. Después lo que toco a veces florece y los otros pueden tomarlo con las dos manos.
Clarice Lispector

Las macetas no piden desbordarse y sin embargo...

A veces es difícil, ni siquiera sé de qué escribir.
Me siento a mirar la hoja en blanco y algo sube desde el pecho; una ansiedad de decir (de expresar, de mar, de árbol, de perfume, de...) que viaja por mis brazos hasta las puntas de mis dedos pero no, no corta el blanco ninguna primera palabra.

Algunos días son más fáciles, los renglones parecen llenarse solos, como una maceta que se desborda con el agua de la lluvia.
Hoy, no sabía de qué escribir, estaba llena de preguntas: qué, cómo, cuánto, para qué...
En mi “mientras tanto” corrí a buscar el libro: “Cartas a un joven poeta” de Rainer María Rilke. Rilke publicó bajo este título, las diez cartas que le envió a un joven poeta desconocido (Franz Xaver Kappus)
Un fragmento dice:

“Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.

Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente. Y aun cuando usted se hallara en una cárcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta sus sentidos ninguno de los ruidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese camarín que guarda los tesoros del recuerdo? Vuelva su atención hacia ella. Intente hacer resurgir las inmersas sensaciones de ese vasto pasado. Así verá cómo su personalidad se afirma, cómo se ensancha su soledad convirtiéndose en penumbrosa morada, mientras discurre muy lejos el estrépito de los demás. Y si de este volverse hacia dentro, si de este sumergirse en su propio mundo, brotan luego unos versos, entonces ya no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos. Tampoco procurará que las revistas se interesen por sus trabajos. Pues verá en ellos su más preciada y natural riqueza: trozo y voz de su propia vida.

Una obra de arte es buena si ha nacido al impulso de una íntima necesidad. Precisamente en este su modo de engendrarse radica y estriba el único criterio válido para su enjuiciamiento: no hay ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste: adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde mana su vida. En su venero hallará la respuesta cuando se pregunte si debe crear. Acéptela tal como suene. Sin tratar de buscarle varias y sutiles interpretaciones. Acaso resulte cierto que está llamado a ser poeta. Entonces cargue con este su destino; llévelo con su peso y su grandeza, sin preguntar nunca por el premio que pueda venir de fuera. Pues el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido.

Pero tal vez, aun después de haberse sumergido en sí mismo y en su soledad, tenga usted que renunciar a ser poeta. (Basta, como ya queda dicho, sentir que se podría seguir viviendo sin escribir, para no permitirse el intentarlo siquiera.)”

Cuanto terminé de leer la carta miré la hoja en blanco.
Subió por mi pecho esa ansiedad de decir (de expresar, de mar, de árbol, de perfume, y... de atardecer, de pasto recién cortado, de bizcochuelo de vainilla, de calma, de... ), cruzó mis brazos hasta la punta de mis dedos y en la hoja se leyó: “las macetas no piden desbordarse y sin embargo...

12 comentarios:

wow, se me puso la piel de gallina cuando llegué al final, al "las macetas no piden desbordarse y sin embargo..." fantástico!

me dejó pensando también una oración del fragmento "Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza".. pero eso será para mi análisis personal.

perdón que no había pasado antes a saludar, la verdad que andaba bastante perezosa para leer y adentrarme en nuevos escritos, pero agradezco finalmente haberlo hecho.

un saludo gigante!

es que cuando no piden, no piden y qué bueno que lo hicieron saber!

las macetas pasan por todos nuestros mismos estados: a veces se desbordan, a veces se raja, a veces la tierra se seca o la planta se muere, aveces vuelve a nacer otra planta, como el fénix

Me ha encantado el post. Disfruté con el fragmento de Rilke (esas cartas son muy amadas por mí desde mi adolescencia)y al llegar al final me sonreí feliz. En esa frase diste todo, y me encantó.
Saludos.

Con todo respeto; creo que el acto de escribir es tan efinteral como cualquier otro reclamo de nuestras efínteres. Si postergamos o tratamos de forzar esa necesidad, esas ganas que vienen desde lo profundo, si, de nuestras tripas, entonces el resultado puede no ser el literariamente esperado( que fino!!!....)
p/d, Tuky, me contento en que te largues a tipear en extenso!

Besosdesbordados

Quiero saber como esta el aloe vera que le regale.


Sinceramente suyo.

Eusebio Obdulio Mirondo
(Poeta de telegramas de renuncia)

jiim: llegarás siempre en el momento justo al bar.
gracias por leerme
besos

Alex: sip, sip, eso fue bueno
gracias por estar ahí

Marina: tenés razón, la idea del fénix en las macetas me encantó
gracias por ese pensamiento

Epístola: esas cartas son files guías en estos momentos.
Es un honor para mi que sientas que en esa frase final di todo
gracias por tus palabras

Horacio: yo me contento con su finura y con su contentura.
Gracias por leerme

Eusebio: el aloe esta... quieto, mojado, verde, vivo, resplandeciente, custodia mi balcón y juega con sus puás en la noche... es que le gusta creerse mosquetero y desafiar a la luna

¿le tengo que dar las gracias por leerme? no.
"las gracias... para al final del camino" me dijo un amigo

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Gracias por leerme y el honor que sentiré al leer tu comentario. Para quien escribe, los comentarios son el alimento que me da ganas de seguir. Si no contesto no es por falta de respeto, es que a veces falta el tiempo y otras (muchas veces), los comentarios por sí solos, forman un post que amerita mi silencio atento.
Sí, todos los leo. Así que: ¡Gracias por estar ahí!
Como siempre:
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