Mi color es amarillo y cada uno de mis lados mide nueve centímetros. Sí, soy cuadrado y pequeño. Soy un papel o un “papelito”, como dirían algunos.
Formaba parte de un conjunto de papeles de esos que secundan a los teléfonos para que la gente haga sus anotaciones breves.
Antes éramos cien, pero lógicamente la mano fue tomando, uno en uno, a mis compañeros. Ellos tuvieron destinos obvios: sostuvieron números, nombres, direcciones y con el tiempo fueron bollitos de papel tirados en algún cesto.
Yo aguardaba, igual que los otros, mi destino en el montoncito de papeles.
Allí, vacío de letras permanecía inmóvil mientras el tiempo pasaba. Esperando que llegue el día en que mi textura sea la primera del montón.
Aquel día yo estaba somnoliento bajo el sol de una mañana, apenas me llegaba el calorcito pero no me quejaba, peor estaba el último que tiritaba de frío. Yo, yo estaba justo en el medio del pilón de papelitos.
Entonces, sentí que esa mano cambió el orden de las cosas y no eligió al primero, sino a mí.
Escuché que la mano dijo: -sí, del color del sol-
No había sonado ningún teléfono entonces me sentí curioso ¿qué podría escribir sobre mi?
Sentí la dulzura de una lapicera, sentí que las letras se dibujaban con certeza, sentí que mutaba y me transformaba en una pequeña carta. Entonces lo supe, mi misión no sería un cesto de basura, mi misión sería importante y me estiré de orgullo.
La mano escribió y yo sentí poesía, de esa simple que en pocas palabras, lo dice todo. ¿Cómo contarles que casi me hago agua cuando un beso de amor se tatuó justo en el medio de las letras? Fui yo, papel besado en silencio y faltó poco, para cambiar mi amarillo solar por un rojo sonrojado.
Con suma delicadeza, las dos manos me doblaron a la mitad y volvieron a doblarme, y otra vez más, hasta transformarme en un papel que medía un centímetro por un centímetro. Tan inmenso me sentía...
Esa mano que con ternura me había escrito y con su beso me había deseado suerte, me depositó en un bolsillo pequeño de un saco.
Pero sucedió lo que ninguno de los dos habíamos previsto, justo al final de ese escondite había un abismo oscuro.
No puedo contarles a dónde estuve porque la oscuridad no me dejaba ver las calles que el saco caminaba. El saco se movía y yo, me aferraba con fuerza para no caer esperando que la mano, dueña del saco, me rescatara.
El saco y yo, sentimos distintos lugares de apoyo. Y pude escuchar como la mano buscaba: -estoy aquí!! aquí!!!- dije mientras él, buscaba en otro bolsillo.
Y los días pasaron, mis fuerzas se agotaron y caí.
Me deslicé sin quererlo, por la suave tela interna del saco, fui a parar a ese tenebroso borde íntimo y oculto.
El vaivén de los pasos me arrastraron de adelante hacia atrás, fui girado en la marcha y recorrí todo el contorno oculto de ese saco.
Tirité de desidia cuando una lluvia atravesó la tela. ¿Cómo explicarles la fuerza que tuve que hacer para que de mi no se borraran las letras, ni aquel beso?
Una tarde sentí una mano que desde afuera buscaba acariciando la tela, me tomó con delicadeza y supe que eran las mismas manos, porque fue esa voz la que dijo: -mirá, sentí, tocá, aquí está-
Pensé que cumpliría al fin mi misión, pero me equivoqué.
El saco volvió a ser colgado en una silla. Primero me sentí triste, pero después entendí que las manos delicadas querían que yo me transformase en sorpresa al ser buscado por las otras manos que ahora sí, sabían de mi existencia exacta.
Creo que la noche pasó, y los días también, pasaron siglos, lluvias y vaivenes. Y yo aún, estaba allí, en la negrura.
Pero sucedió lo que no esperaba. Una caricia fue elevándome desde las profundidades del saco y volví a ver la luz.
Las mismas manos que me habían escrito, esas que me habían doblado, esas que habían señalado mi existencia exacta, esta vez me abrieron como quien abre los pétalos de una flor.
Entonces la vi. Recorrió con los ojos las palabras que ella misma había escrito, acarició con sus dedos mi superficie, como si su tacto reviviera la existencia de esas palabras.
Sus ojos profundos parecían entenderme. Su mirada notó las letras corridas por el agua de la lluvia y aún así, viéndome desgastado de tanto inmerecido olvido, volvió a besarme.
Ahora estoy aquí, en el mismo saco, en éste otro bolsillo pequeño que tiene oscuridad pero es seguro, de aquí no podré caerme.
Quizás alguno de estos días buscando otra cosa las manos, dueñas de estas telas, me tomen y me lean. O quizás, me tiren en un cesto sin siquiera atreverse a descubrir el secreto que guardo, sólo para sus ojos.
Acepto con estoicismo mi destino incierto, porque lo he comprendido.
Ella escribió con ternura honesta, ella me transformó en una carta y usó éste saco como una botella que se arroja al mar.
Aquí estoy, en la oscuridad masculina de éste saco indolente.
Poco importa que las manos no me rescaten de éste encierro, de esta cárcel de costuras silenciosas.
Lo que importa es saber que ella, hizo de mis nueve centímetros cuadrados un universo de palabras que ningún bolsillo podría esconder.





28 comentarios:
:)
sonrisa de sol en un dia lluvioso
Gracias por tus bellas palabras en mi Camino del Sol, ahí hemos coincidido, me ha encantado visitarte en tu cada donde el Sol seguro que te iluminará y ya brilla en tus palabras, besos
No era un papel en el fondo de un saco, era un gesto de amor, un beso detallado, una intención, una manera de querer, un sol cuadrado y sin rayos, un bollito de esperanza...
Muy tierno!
Una bonita idea desarrollada magistralmente.
Cariños
hay de esas cosas que aunque se doblen, no pierden su dirección, su derechito al sol...
jaja me quedé pensando...
flor de derecho El Sol!
y cada uno amanecerá en el suyo... porque ¿quien no cree que amanecerá mañana más allá de todo lo que no sucederá?
PD: la mejor de las suertes con ese amarillo besado; yo le tengo fé a esos nueve centímetros que se salvaron del abismo por querer, claro que sí!!!
mirá, me hiciste buscar entre mis papeles de esos de "en cualquier momento inapropiado escribo mejor", hace unos dos días escribí: "todo abismo contiene un atisbo de milagro"
besos!
un post-it mágico :)
Che Tuky, me gustó... Llegué medio de casualidad, de blog, de blog, y así. Nos estamos viendo por acá, entonces. saludos
Buenísimo. Me hizo acordar algo parecido que escribí (aunque no tan bien, ni tan poético, ni tan original...) respecto a los viejos boletos de colectivos, esos que venían en colores...Lo voy a buscar para publicarlo.
Es increíble, lo que un simple papelito puede despertar en una mente tan creativa y soñadora.
Precioso, como siempre, el bar supera expectativas de los visitantes con creces.
Saludos
"Yo aguardaba, igual que los otros, mi destino en el montoncito de papeles"
Y yo me perdí entre la angustia de ser un papelito más y la magia de recordar a Julio "El saco se movía y yo, me aferraba con fuerza para no caer esperando que la mano, dueña del saco, me rescatara."
Besos
Adalberto Moy (periodista, poeta, musico y guionista de cine mudo) escribiria en cierta ocasion, tras al descubrir que todas sus esquelas dirigidas a Encarnasion Willimsong, eran arrojadas en un arcon, que años despues seria vendido a un comerciante australiano, y que esta, al suponer el desamor del mismo se haria monja, diria:
"De lo que del amor nace, brota y se exhibe, no ha de desprender ni el mas minimo atomo del sentir conque fue dado a la vida. Si es la oscuridad su cruel destino, no es asi su final, puesto que el fin, esta dado desde el principio, ya que en el amor, todo es comienzo y culminacion en si mismo"
La ultima tarde que estuve con Moy fue en Lanus, donde hasta esa fecha, aun seguia recordando a Encarnacion, al arcon, todas sus esquelas, y al australiano.
Lo suyo, todo un arte.
Eusebio Obdulio Mirondo
(Cazador de cocodrilos)
Bello texto, tiene frases muy bonitas. Recordé a Cortázar, que no me parece poco. Y me voy con la satisfacción del deber cumplido, como el papelito. Besos.
A la pelota!
Cuanta entrega!
Saludos
una gran creación Tuky, y muy inspirado!
Bs
efa
Ute
:)
Sonrisa que vuelve lluvia al sol
María
Bienvenida al bar gracias por iluminarlo leyéndome
Besos
Saltar del tren
“un sol cuadrado y sin rayos, un bollito de esperanza...”
¿me parece a mi o usted me está entendiendo demasiado? jaja
hermoso tu comentario
gracias por estar ahí con tu ternura
Gracias OPin
como dije una vez a alguien, uno de estos días procuraré escribir algo que desilusione “magistralmente”, sólo, para no aburrirnos jaja
Cariños
Trenaluna
y me dejaste pensando a mi también en ese “flor de derecho El sol”, me encantó ese juego de palabras.
yo creo… yo creo…
Trenaluna
si usted le tiene fé ¿Quién soy yo para quitársela?
“en cualquier momento inapropiado escribo mejor” me encantó!!
leí eso de “todo abismo contiene un atisbo de milagro” y recordé lo que una vez me dijeron: “no hay abismo que no tenga algo en su interior”
Alex
jaja no lo había pensado así :)
Lau Gambale
Bienvenida al bar. Aquí la almas llegan de las maneras más impensadas. Lo lindo es saber que eligen quedarse.
Gracias por leerme.
Besos.
Diego
que alegría saber que algo que uno escribe puede detonar en otro un recuerdo y ganas de escribir.
Es como sentir que las palabras son epidemia!!. Espero ansiosa ese post tuyo.
Gracias por tus palabras y por estar siempre aquí en el bar.
Saludos
Maktub
Cuando alguien destaca versos que mis manos escribieron siempre me pregunto ¿quién escribió eso?
A veces, es uno el que debe rescatarse. ¿no?
Besos de salvavidas...que nos rescaten a las dos
Eusebio
“Si es la oscuridad su cruel destino, no es así su final, puesto que el fin, esta dado desde el principio, ya que en el amor, todo es comienzo y culminación en si mismo”
Hoy leí por ahí que George Bernard Shaw fue un escritor irlandés, ganador del Premio Nóbel de literatura en 1925 y cierta vez dijo “No hay beso que no sea principio de despedida; incluso el de llegada.”
la fuente no es confiable… pero la idea…
saludos a sus cocodrilos
Javier
Que honor que una palabra mía le recuerde a Cortázar… creo que deberé escribir algo con Cortázar sólo porque usted lo ha mencionado.
Besos de los que cumplen
Petardo
A la pelota y a la pelotita, y al papelito también jaja
Saludos
Efa
gracias por tus palabras y por seguir ahí, leyéndome.
Besos
Publicar un comentario
Gracias por leerme y el honor que sentiré al leer tu comentario. Para quien escribe, los comentarios son el alimento que me da ganas de seguir. Si no contesto no es por falta de respeto, es que a veces falta el tiempo y otras (muchas veces), los comentarios por sí solos, forman un post que amerita mi silencio atento.
Sí, todos los leo. Así que: ¡Gracias por estar ahí!
Como siempre:
Este bar se reserva el derecho de admisión.
Si se porta bien la casa invita, si se porta mal paga el Happy hour