Como a muchos les pasará yo también recuerdo el cómo aprendí el significado de ciertas palabras.
Algunas palabras las aprendí de leerlas en libros y buscarlas luego en el diccionario, como “Sempiterno” que me la enseñó un poema.
Descubrir que una palabra tiene un significado bellísimo siempre me hace sentir lo que deben sentir los buscadores de tesoros al hallar un cofre escondido.
Hace muchos años cuando estaba en el secundario mi profesora favorita, la de literatura, una vez me dijo:-estás mustia hoy-. Recuerdo que le contesté:-no, estoy hablando mucho pero para adentro-.
Obviamente yo no sabía que “mustia” no se refería a “mutismo”, sino a “melancolía o tristeza”. Entendí qué me quiso decir cuando llegué a casa y busqué “mustia” en el diccionario.
Era cierto, aquel día yo estaba “mustia”.
Yo no necesita “sumar puntos”. Ella sabía que me destacaba en la materia porque de verdad, amaba aprender literatura.
Ella disfrutaba de prestarme libros extra curriculares y yo, de conocer autores gracias a su verdadera vocación de “educadora”.
Si ella daba por tarea leer dos capítulos de un libro yo, lo tenía terminado para la clase siguiente. Y si no me gustaba, a solas debatíamos sobre él.
Fue ella, quién me enseñó “la paciencia del lector” inculcándome esperar el final de un libro para decir si me gustó o no.
Ella fue también, quién me incentivó a buscar fundamentos para mis gustos literarios y no usar un “no me gusta” resumido y pobre, para justificar mi apreciación de una lectura.
Así como tengo recuerdos alegres de esa mujer que aún hoy admiro, también recuerdo el día más triste que viví a en su presencia.
Un día ante una contestación sumamente hiriente de una compañera, interrumpió la clase y salió del aula con los ojos llenos de lágrimas, sin decir palabra alguna.
En su ausencia escribí en una hoja.
Llené de palabras todos los renglones y aprovechando que mis compañeras estaban debatiendo qué sanción aplicaría “la maldita” para vengar la osadía; dejé dentro de su carpeta la hoja que mi lapicera había escrito.
La profesora volvió como si nada hubiera pasado y continuó con la clase.
Un silencio, que podría haberse cortado hasta con el caer de una pluma, inundó toda la extensión del aula.
Mientras notaba que mis compañeras parecían una tumba de mutismos, me descubrí prestando atención al esfuerzo que ese ser humano hacía para continuar con su explicación… tenía la mirada tan, tan “mustia”.
El timbre gritó y la profesora se despidió sin dejar ninguna tarea. Sólo nos recordó que teníamos pendiente la lectura de tres capítulos de un libro que analizaríamos la próxima clase, tal como nos lo había informado la semana anterior.
Al llegar la siguiente clase la profesora caminó entre medio de los bancos con cara seria y mis compañeras bajaron la mirada, recordando lo sucedido.
-Buenas tardes señoritas- dijo con voz seca y cortante en su andar rumbo al escritorio.
Pero sucedió que detuvo sus pasos en mi pupitre. Por un momento su cara seria desapareció y en su mirada resplandecía en una sonrisa. Me entregó un sobre sin decir nada y lo guardé rápidamente.
Ella volvió a esgrimir su cara de rectitud y empezó la clase.
Obviamente al partir la profesora, mis compañeras me interrogaron sobre la entrega que me había hecho pero yo, me limité a decirles que era una nota para mi madre.
Me pregunté qué habría en el sobre pero no lo abrí en toda la tarde. De hecho no lo abrí tampoco al salir del colegio, ni cuando caminaba de regreso a casa.
Sabía que el sobre estaba en la mochila aguardando, pero tampoco quería que nadie de mi familia me hiciera preguntas, así que esperé que el día termine. Cuando llegó mi hora de ir a la cama a escondidas, me llevé mi tesoro.
Sentada en la que era mi cama mire el sobre largo rato entre mis manos.
Respirando profundo y con sumo cuidado, descubrí que dentro tenía una tarjeta bellísima.
Al abrirla reconocí el marcador verde de mi profesora extendiéndose en un montón de palabras que ocupaban las dos hojas internas de la tarjeta.
En la carta me rogaba que salve de todo lo que pueda sucederme, la belleza de mis palabras. Pese a que yo nunca se lo había sugerido ella me ordenaba en sus letras, que jamás nunca intente ser profesora de literatura porque veía que mi destino era otro.
En sus palabras escritas con un amor inexplicable que me hizo emocionar hasta las lágrimas, me pedía que me dedique con tesón y con toda el alma a ser una gran escritora.
De todos los consejos que me regaló en su tarjeta, un renglón se grabó en mis pupilas: “Gracias porque tus palabras fueron y serán, mi remanso de calma”
Mi madre me preguntó qué hacía tan tarde con el diccionario en la mano.
Esa noche, aprendí que “remanso” es un lugar en el que se disfruta de algo.





17 comentarios:
gran secuencia Tuky, me fue llevando manso. Mmmmh, la paciencia del lector, sin embargo hay otros escritores q aseguran q si un libro no agrada hay q dejarlo, para qué torturarse.
En fin, pareceres.
bs
Tu profe tenía toda la razón siue escribiendo niña tud palabras son el relajante de un día estresado, un paisaje donde depositar la vista y suspirar ante la calma del espiritu
Un besote
Pucha, me vas a hacer lagrimear. si es autobiográfico, qué bueno que te pasó. Mi gran admirado, el que me abrió las puertas de la sensibilidad para escribir nunca lo supo: era Carlos E. Feiling, escritor, periodista, un gigante intelectual quizá no muy conocido, que nunca supo su influencia en mí. Murió hace unos años, a una edad que ya pasé. En fin, gracias, el análisis lo dejo para cuando deje de moquear. Besos.
Delicado relato que me lleva en su respiración hasta la última palabra. Siempre son más "redondos" los textos donde apelas a la melancolía. Me gusta ese sabor y el ritmo que impones al lector. Incluso el tácito mensaje de esa profesora que nunca llegó a publicar su libro sumergida en la docencia.
Nunca sea profesora de Literatura Tuky.
No hace falta.
Cariños.
Si un buen texto me lleva a consultar el diccionario es dos veces bueno.
El diccionario es para mi un gran maestro, pero encontrar un otro que sea maestro, que disfrute de serlo y que lleve el amor por lo que enseña en el alma es lo más grande que me puede pasar.
Creo que ya te lo dije: el fluir de tus palabras me encanta.
Muchos caemos rendidos ante la belleza, la magia y el enigma que nos presentan las palabras nuevas y desconocidas.
Te recomiendo que visites "La Llave del Mundo" en http://365palabras.blogspot.com/
Creo que somos afortunados al ser ese tipo de personas a quienes nos afectan las palabras de diferentes formas. Acá te dejo un ejemplo personal: http://divagantedivergente.blogspot.com/2010/05/una-simple-palabrita.html
Tu relato fue muy emotivo, muy conmovedor y me dio mucha alegría saber que hay maestros, profesores o docentes que sienten la enseñanza en el alma y la manifiestan de esa forma.
Me despido reiterando mis agradecimientos por las visitas y comentarios en mi blog.
Ah...y agradecele a tu profe, su excelente consejo que nos permite disfrutar de este increíble bar lleno de sorpresas...
No puedo evitar las lágrimas.
Hay profesores que nos marcan bien, que son fundamentales en nuestra vida.
Se me ocurre que tu profesora fue muy generosa y visionaria. Y estoy segura de que le habrás dado mucho más de lo que creés. Un remanso puede ser lo que justifique seguir adelante.
Un abrazo.
Ah, me olvidaba... en mi blog hay algo para vos.
qué bueno cuando la vida nos bendice con ángeles semejantes
:)
Efa
Una vez me enfrenté a un libro “Evangelio según Jesucristo” de Saramago.
Un libro de esos “gordos” justo en la mitad, el libro cambia completamente. De no haber tenido esa paciencia, lo hubiera tirado a las 30 hojas. Es uno de los libros de Saramago que más me gustó.
Pero ya sabés cada quién tiene su sistema para leer.
He dejado libros a la mitad no por falta de paciencia sino, por creer que no era el momento exacto para leerlo. Después, los he leído y efectivamente fueron muy pocos los que no me gustaron.
¿me extendí mucho? perdón jaja
Besos
40añera
que honor que mis palabras sean un “relajante de un día estresado”
gracias por tus palabras y por leerme.
Besotes.
Javier
Sip es autobiográfico.
Omitiste decir que Carlos E. Feiling también era poeta. Si es que estamos hablando de ésta persona http://www.literatura.org/Feiling/Feiling.html
No me moquee compañero que se le empañarán los ojos y necesitamos de su poesía!!
Besos
Opin
Nunca había pensado en el ritmo que impongo. Ahora que lo pienso la palabra “imponer” me suena como muy pesada ¿no te parece?. Mejor dejame creer que cada lector elige el ritmo al que va... suena más libre... mas de este bar.
Gracias por tus palabras
Abrazo
Eslabón y pedernal
El diccionario es mi “mataburra”.
Y es cierto, encontrarse con maestros que lo son de alma es una de las experiencias más bellas que pueden sucedernos.
Gracias por el fluir de tus palabras que también me encanta
Besos
Diego
Gracias por tus palabras y muy buena tu recomendación.
Me gustó mucho tu post de insomnios y palabras... arrancarme el pellejo en cada palabra...
Respecto a los comentarios que dejo en tu blog, como dice un amigo “las gracias para el final del camino”
Besos
Epístola
me gustó mucho la belleza de tu comentario.
Efectivamente fue muy generosa conmigo. No sé si me recordará, intuyo que sí, pero yo la llevo en mis palabras.
Un abrazo.
pd: Gracias por el premio, lo acepto con honor por haber venido de tu parte. Para mi ya es premio que me leas. Imaginate lo feliz que me hace cada comentario, de cada persona que entra a éste bar. Esos, son mis premios cotidianos y me hacen sentir millonaria.
Chiru
Ahora me diste ganas de escucharte cantando “Bendita tu luz”
¿te dije alguna vez en todos estos años que amo tu voz? sí, sí, ya te lo dije pero no me canso de decírtelo
Abrazo, golpe de puño al pecho y dedo índice señalando a donde ya sabés :)
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Gracias por leerme y el honor que sentiré al leer tu comentario. Para quien escribe, los comentarios son el alimento que me da ganas de seguir. Si no contesto no es por falta de respeto, es que a veces falta el tiempo y otras (muchas veces), los comentarios por sí solos, forman un post que amerita mi silencio atento.
Sí, todos los leo. Así que: ¡Gracias por estar ahí!
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