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No todo lo que escribo da como resultado una realización, resulta más una tentativa. Lo que también es un placer. Pues no todo quiero abarcar. A veces quiero sólo tocar. Después lo que toco a veces florece y los otros pueden tomarlo con las dos manos.
Clarice Lispector

Los detalles del Doctor Amor

"El sabio no enseña con palabras,
sino con actos".
(Lao-tsé)

Ella conoció a quien se presentó como "Doctor Amor" por cartas que de casualidad, intercambiaron.
Las esquelas del Doctor parecían escritas por la más bella de las plumas. En sus renglones se notaba el cuidadoso esmero que impedía que un “que” se leyera como “q”.
De más está contarles que aún en sus conversaciones cibernéticas, un “te quiero mucho” no tenía oportunidad alguna de transformarse en un “tkm”.
Entre Ella y el Doctor Amor, no existía chat que no abundara en cuestionamientos profundos.

Por esas causalidades de la vida el Doctor Amor, la hizo merecedora de algunas confidencias y así supo que cargaba en la vida real, con un apellido de alta alcurnia. Un apellido de esos que suman una larga lista de nombrados eruditos.
Es de una familia muy buena” me contó Ella, pestañando enamorada.
Claro que él y, luego de investigar también yo; omitimos informarla de esos fragmentos de historia que contaban cómo los antecesores del Doctor, amparándose en la impunidad que les otorgaba la riqueza, llegaron a convertir a un pirata sin escrúpulos en un papa para ser así, beneficiarios de altas fortunas.
El Doctor me enseñó que hay detalles que no se deben mirar” me dijo Ella cierta vez, señalándome con el dedo índice amenazante para que yo también aprendiera.

Una noche él, la invitó a un exclusivo escondite donde su sola presencia era motivo de halagos. “¡Hagan lugar! llegó el Doctor Amor” decía la gente, abriéndoles el paso.
Y él, corriéndole la silla le susurró a Ella lo que su receta de amor, le indica en el manual.
¡Ay! si lo vieras, es tan afable y carismático... El Doctor Amor tiene la apariencia de un pajarito mojado y tierno” me confió Ella, esa misma madrugada.
Claro que yo, no iba a romperle el encanto explicándole que algunos pajaritos mojados y tiernos también, son negros y se los llama “cuervos”...después de todo ese, era un “detalle”.

Ella destacaba muchísimas cosas del Doctor Amor, su voz, su mirada misteriosa.
Yo, una de las que le admiro es su facilidad para dar consejos.
Tiene la ligereza de un samurai y ante el ruego: “ayúdeme Doctor, no sé que hacer con mi novio que no amo, ni amé nunca”, suelta una lista interminable de consejos que hacen que cualquiera quiera besarle las telas. Claro, que así como un pirata no deja de ser pirata por más cruces cristianas que se ponga, el hábito no hace al monje; pero ese también, es sólo un “detalle”.

Ella, ama del Doctor Amor cada una de sus palabras, obviamente todas las que dan cuenta exacta de cómo debe o no amarse.
Yo, por sobre todas las cosas, pierdo la mandíbula de asombro con su técnica discursiva.

Dejando de lado el fanatismo de Ella y haciendo uso de mi honestidad, se los confieso: no es mi admiración el producto del gran ímpetu con el que él declama, sino la pasmosa sensación que me provoca ver tamaña magnitud de vacío escondiéndose entre sus dichos.
Como diría cualquier persona, con dos dedos de frente y un poco de vista astuta, su discurso es tan presuntuoso que a uno no le queda otra tarea, más que maravillarse ante tanto despliegue camaleónico de palabras.
Mientras Ella suele decir: “Créanme que es verdaderamente imposible, no aplaudirlo” yo, me pregunto si existirá en ésta tierra, un camaleón de mejor cepa.
Es que el Doctor Amor es capaz en una sola y minúscula oración, de quedar bien no sólo con Dios y con el Diablo sino, hasta con el más vehemente de los ateos.

Ella, a viva voz me cuenta: “¡Que placer es verlo en cualquier tertulia! Él se pone de pie, da dos golpecitos en una copa y la gente, las paredes y hasta las macitas finas que están en los platos, enmudecen para escucharlo
Yo les cuento, amigos míos, que ese “enmudecer” no es un silencio común y corriente. No. Ese “enmudecer” es la quietud del cuerpo entero (incluida la de la materia gris del cerebro), que cualquier humano testimoniaría si el mismísimo Nostradamus se manifestara de repente vivito, coleando y golpeando una copa para pedir la palabra.
¿Quién osaría interrumpir con una pregunta descreída si el vidente, estuviera a punto de revelar las predicciones que han de salvar al mundo o, si estuviera a punto de decir el número que hará a todos millonarios ganadores de una lotería que todavía no ha salido a la venta?
Embelezados hasta por sus comas Ella y los presentes, asienten con la cabeza ante cada máxima del Doctor Amor, como si no existiera ninguna verdad más sabia en éste mundo.

Es que claro...” justifica Ella, “cualquiera puede hablar de amor pero, el Doctor Amor habla de amor sabiendo absolutamente, todo”.
Para ser justos, hay que aclararlo, el Doctor no “habla” él, “da cátedra” en cada uno de sus monólogos.
Él despliega sus versos con una convicción tal, que si en su diatriba proclama que el cielo es marrón, aunque el firmamento ostente el azul más profundo de los azules nadie, osaría contradecir sus dichos.

Y ahí fuimos ambas, como dos pequeñas moscas a caer en una tela de araña y ser testigos de uno, de sus tantos discursos.

Recuerdo que mientras sus palabras se extendían en el aire como las manos de un político en acto preelectoral, exclamó en su discurso: “el amor, angosta multiplicación”.

¡Que genialidad! ¡Que frase!” me dijo Ella codeándome, mientras yo pensaba: que frase hueca, que no dice absolutamente nada. Una “multiplicación” puede ser fácil, compleja, aburrida, pero ¿“angosta”?. Angosta puede ser una vereda, una puerta, una ceja pero no, una “multiplicación”. ¿Y el amor? ¡vamos!, que para hablar de algo tan sublime es menester haberlo sentido aunque más no sea alguna vez, por uno mismo.
La falacia de la frase: “el amor, angosta multiplicación”, que podía haberse permitido en un poema pero no en ese discurso, se perdió en el aire como se perdería un trébol diminuto en medio de una hectárea repleta de heladeras frías.

Cuando la locuacidad indeleble del Doctor estaba en su máximo esplendor, para terminar su discurso de amor, lanzó: “Buda es un gordo panzón”.
No creo que sea necesario aclararles que nada de lo dicho en su discurso amoroso, guardaba coherencia alguna con esa frase final, pero ¿cómo no contarles el paisaje que le siguió?

La multitud estalló en aplausos.
Ella y las otras adolescentes lloraban emocionadas de ser “la privilegiada”.
Es que claro, él se tomaba la molestia de dedicar sus discursos (en secreto y por separado) a varias de las presentes; de modo que cada una pensaba que era ella y sólo ella, la destinataria de las frases trilladas de amor, que él vociferaba.
Algunos hombres también aplaudían, mientras miraban el escote de la chica que tenían al lado.
Otros, guardaban sus libretas color verde loro con las notas de lo dicho por el Doctor Amor para tener así, algo que repetirle a alguna persona ingenua.
Parada a mi lado Ella, que no tiene más de veinte años, aplaudía con tal efusión que ya se le asomaban ampollas coloradas en las manos.
Me miró con ojos maravillados y gritó sobre los aplausos: “¡¡que ternura, que hermoso, que sensibilidad, él sabe todo del amor, ojalá todos los hombres fueran como él!!”.
Claro que Ella, no tenía ni idea de quién era Buda, ni de que Buda dijo cierta vez: para enseñar a los demás, primero has de hacer algo muy duro: has de enderezarte a ti mismo”. Pero claro, Buda era un "detalle" más.

¿Cómo contarle a Ella que el “Doctor Amor” es el invento de un hombre que duerme con una almohada marca egoísmo? ¿Cómo contarle a Ella, que ese invento es un experimento que transcribe y deforma a su conveniencia lo que otros miles, ya han dicho? ¿Cómo contarle que es Ella un objeto de colección, para aquel que idolatra? ¿Cómo romperle la ilusión?

El Doctor sigue dando cátedra de lo que por humildad o al menos por vergüenza propia, debería callar.
Ella, sigue aplaudiendo hasta las comas sin saber aún, que es otro número más en la lista del Doctor.
Y yo, sigo admirando la piedad del Doctor desde que dijo: “disparo a Cupido con mis palabras de amor”.
Sí, es admirable la piedad de matar a Cupido haciéndole el favor de evitarle un suicidio seguro, si escuchara tanta diatriba nefasta de amor.

La muerte de Cupido ya sabemos todos lo que es... sólo un “detalle”, como diría el Doctor Amor.

12 comentarios:

He sabido que el Doctor Amor es un hombre de muchas cabezas, quizá porque sumando toda ellas puedan forman un cerebro compacto. Lo encontramos en nuestro paseo diario, en el supermercado, en el restaurante, en nuestro trabajo, en la cola del autobús...y sabemos que está ahí porque oímos a un hombre que le encanta escucharse. En algunas regiones del alma lo llaman "encantador de serpientes", su música de palabras crea mieles en los oídos cuando debiera taladrarlos.
La lástima es, de la jovencitas que embelesa y encanta, aunque esta experiencia quizás sea necesaria para desenmascarar al profesor de la vanalidad y, sobre todo, para aprender de la escuela del Doctor Amor, que no es otra que la escuela de la vida.

Eres estupenda escribiendo, sugiriendo, poetizando y criticando.

Un abrazo.

Puede que seas mejor escritora de lo que ya has demostrado y logres hacerme creer que lo que has plasmado aquí proviene de la realidad sin serlo. Sin embargo, embarcado en los zapatos de un Sherlock improvisado y ya sin ajenjo, creo vislumbrar un caso real que te ha agitado las pulgas. Como sea, lo compro y me lo creo de cabo a rabo, sin llegar a comprender la admiración hipnótica que producen estos sujetos.
Una interesante entrada con un poquito de verde bilis por aquí y por allá.
Cariños.

Este doctor amor es como cualquier fundamentalista de los que creen saber qué está bien y que está mal -que es genial mientras pontifique para sí mismo- y hay que darle exactamente la bola que se le da a esa clase de gente.
Pero los que que declaman certezas tienen asegurado un público muy especial, como dice el dicho siempre hay un roto para un descosido o algo así.

Bellísimo relato, tiene mucho humor!! Me gustó mucho. Y si, hay que cuidarse de las botineras y los verseros, las caras de la misma moneda... Besos.

ese doctor amor...
es...
es..





es todo un detalle...

He conocido a Doctor Amor. Al menos a uno de ellos. Y he visto de cerca el proceso de una pobre chica enamorada y fanatizada por sus versos.
Hay quienes quieren que les mientan. Y los doctores amor allí están, siempre dispuestos a aprovechar la oportunidad. Son doctores en estafa moral, no hay quien los supere.
Lo has escrito de modo magistral, me saco el sombrero.
Besos.

No me he cruzado con él por suerte paraél claro, pero despues de tu magnifica descripción ya no me pasará inadvertido
Niña hay que ver lo bien que escribes
Un beso

Que talento!!!, que talento el suyo!!!... que talento el suyo que sabe plasmar con arte y maestria, revelando, quitando mascaras, desnudando al SER, que en esta oportunidad, es un ser, minusculo, invalido emocionalmente, apenas un insecto jugando a hacer montaña. Pero su arte, contemplativa, ilustrativa, tan llena de poesia como del quejo absoluto de lo que merece ser objetado, puesto a disposicion de alguna justicia que ponga freno a estos vertebrados que profana, que injurian, que malgastan y mal empeñan el verdadero sacro nombre del amor, y sus duendes.
Pero lo suyo, es delicia de matorrales acostados sobre la rivera que ahuyenta penas en las tardes del Tucuman... lo suyo, como expone, como se propone desde la caricia tierna y franca a desnudar a estos mouestruos nefastas, ciegos ciclopes que atentan contra las virgenes paciencias, contra las desdichadas jovencitas que buscan la palabra exacta y la encuentran!, claro que si, pero bajo el manto supremo de la ignorancia.
Pero lo suyo, mi niña, es fresco en la tarde calida de Jujuy, lo suyo, un cañaberal meciendose paulatino tran el silbido de la brisa. Lo suyo, un navio inmovil en la lentitud de la pleamar, antes de que la lune encalle, en el horizonte.
Me asombra su escrito, me eleva el alma, me fragua el espiritu.
Las letras, sin lugar a dudas, necesitas de ud., y de seres como ud., defensores y guardianes del amor... pero no del amor que se dice y no se hace, no del amor que se piensa y no merece, no del amor que se vende en comerciales, ni del amor que como autoayuda se exponen en los kioscos. No, guardianes y defensores del AMOR que se necesita por afecto, por emocion, por el sentimiento mismo del amor.
Estas, suyas, las palabras de este desdichado, no es mas que un "detalle", lo que impera, o deberia imperar es la denuncia, para que estos viles, bajos, famelicos sean puestos en evidencia, y colgados de una poesia, en la plaza mayor de un poemario.

Una vez mas, me asombra, y eso, es maravilloso por si mismo... No la felicito, por que se que aun, dentro de ud., se guarda la mejor, de las creaciones: Un libro.

Suyo.

Eusebio Obdulio Mirondo

Maravillado. Esa es la palabra, sonriendo como un adolescente al leerte, pensando algunas frases, muy buen texto. De verdad.

Hay que cuidarse de los Dr. Amor, esos que repiten hasta el hartazgo citas de otros con una aire de erudición que ya me está provocando acidez.

Beso grande

Disculpame, pasé a avisarte, me enganché a comentar y al final no te dije nada: Hay algo para vos en mi blog.
Besitos.

Auto plagiándome comento:

Los cuentos tiene esa maravilla de desencadenar interpretaciones tan variadas como cada uno de los comentarios que todos ustedes dejaron en este pos.
Gracias a cada uno por permitirse el cuestionamiento.
Gracias a cada uno de ustedes por interpretar mis palabras y llevarlas, incluso, a lugares que me sorprenden gratamente.
Besos a todos y gracias por leerme.

Mi querida,
buenísimo tu escrito! Describes con claridad las características de este y otros individuos similares. Al mismo tiempo nos atrapas en un buen relato.
Ya lo he dicho:
un lujo leerte!!!

Va mi abrazo!

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Gracias por leerme y el honor que sentiré al leer tu comentario. Para quien escribe, los comentarios son el alimento que me da ganas de seguir. Si no contesto no es por falta de respeto, es que a veces falta el tiempo y otras (muchas veces), los comentarios por sí solos, forman un post que amerita mi silencio atento.
Sí, todos los leo. Así que: ¡Gracias por estar ahí!
Como siempre:
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