No todo lo que escribo da como resultado una realización, resulta más una tentativa. Lo que también es un placer. Pues no todo quiero abarcar. A veces quiero sólo tocar. Después lo que toco a veces florece y los otros pueden tomarlo con las dos manos. Clarice Lispector
Y entré a verlo.
Tenía los ojitos mejor.
Al escuchar mi voz diciéndole “hola gordito, acá estoy” intentó pararse.
Lo acaricié, le dije “te amo”.
Pensé que estaría mejor. Nos miramos largo rato a los ojos y supe que se iría.
Hay cosas que no se pueden explicar en los ojos.
Y lloré mientras le decía en silencio “no te vayas”. Intentó pararse para alcanzar mi mano y volvió a caer. Sentir que se despedía, que me había esperado para irse. Saber que reconoció mi voz…
En un momento se paró con las pocas fuerzas que le quedaban para llegar a mi pecho.
El resultado fue la primer convulsión, el médico vino corriendo y vi su última respiración.
Ya no estaba ahí. “no respira” le dije al médico.
Mis palabras no pueden explicar lo que se siente. Ni el llanto de ese momento dar cuenta del dolor, de la impotencia.
Lo llevaron corriendo al consultorio, lo entubaron pero tuvo un paro por la segunda convulsión y ya no despertó.
Y sí, sé que hice todo lo que podía haber hecho.
Sé que se fue sabiendo que es jugar con alguien, sé que supo que se sentía dormir con alguien de dos patas. Tuvo sus chiches, su lugar, y amor del mejor que pude darle. Los mejores médicos que encontré hicieron todo para salvarlo.
Pero no, no hay consuelo.
La muerte nunca tiene consuelo.
Volver a casa y ver sus juguetes. Verlo en cada rincón donde estuvo.
Supongo que el tiempo se llevará la carga que ahora tiene cada espacio de este lugar.
Fue muy fuerte sentir que ya no estaba en ese cuerpo. Levantar su cuerpito en mis brazos y que no me mire.
Al oído le dije “buen viaje amigo, te amo”
No me quedaron pendientes con él. No quedó nada en mi alma sin hacer.
Siento que a él no le quedó nada conmigo. Me dio los mimos más tiernos que algo de tan poquitos gramos podía darme. Me dio risas, me dio miradas que creo que no me olvidaré nunca.
No, no creo en un cielo de gatos, creo que ese ultimo paso que dio hacia mi fue para meterse en mi alma.
Fue todo un caballero, esperarme para irse fue una de las mejores cosas que pudo haber hecho por mi.
No hay final en este pos.
La puta muerte no es un final para mi. Y en cierta forma, creo que se llevó su vida, ganando la batalla corporal, pero Juddi estuvo conmigo desde la primera mirada que cruzamos... la guerra te la ganamos.
Él está en mi, como hizo estos días, en mis piernas, hecho un bollito de tranquilidad sin dolores, él se para en sus dos patitas mientras yo tipeo, apoya sus manitos en mis mejillas y me pasa el hocico por la nariz mientras ronronea.
Él me dice “miau” que claramente, significa “no te rindas”
Buen viaje amigo, dormí tranquilo que estoy acá...
Ya nos volveremos a ver, tan puntuales, como nos encontramos.
Ayer salió del suero de la veterinaria y yo tuve que ir a trabajar. Por suerte hay fieles que están pendientes y corren. Pablo lo cuidó toda la tarde hasta que yo llegué.
Estuvo algo mejor. Caminaba un poco y vomitó solo una vez.
Me dormí a las 5 de la mañana y al despertar a las 10 lo encontré tiradito en la puerta del cuarto. Había tirado agua, estaba mojado y solo me miraba, no respondía a los mimos.
Corrí a secarlo en el sol y lo llevé a la clínica de emergencias.
Tuve que internarlo.
El parte médico ahora, es que está en coma.
Le están dando suero intravenoso y medicamentos.
Pesa muy poquito y si no mejora en unas horas ya saben, game over.
Si sale del coma igual tendrá que quedar internado.
Son las 2 de la tarde y puedo ir a verlo de 17 a 19 porque está en terapia.
Si creen en Dios o en algo parecido gracias por mandarnos buenas vibras.
Desperté temprano y Juddi al mismo tiempo solo que él le dio la bienvenida al día con un vómito al que le siguieron otros más.
El primer vómito lo consideré normal (?) pero al segundo cuando se sumó la diarrea, las cosas pasaron de castaño claro a petróleo.
En el centro en el que me lo dieron me dijeron “sí, traelo tipo 17”... ajá... ajá...
Total que recordé a la veterinaria de acá a la vuelta y cuando iba por el cuarto vómito del día, salí corriendo a ver si lo atendían.
Aparentemente tiene un “cuadro parasitario”.
No tiene fiebre (sí, le hicieron el culo con un termómetro).
La veterinaria sin pedirle permiso le metió el utensilio en el traste, obvio que no le hizo gracia eso a mi gato pero estuvo genial!. Genial la forma en que le vomitó a la Doctora: después de dejarle el regalo en la mesa me miró con cara de: “esta se piensa que me va a hacer el culo gratis, claro, claro… chupáte ese vómito lemda” (claro que la veterinaria no le conoce las caras y lo que está pensando como yo)
Y después empezó el concurso “haga de su gato un colador” y me lo pinchó por todos lados:
1. pincharlo y darle suero largo rato, 2 veces de cada lado del lomo. Se le hicieron dos pelotas que se diluyeron enseguida (tener un gato orejón ok, pero jorobado no da)
2. le dieron una inyección para los vómitos: Se suponía que tenía que pararlos y funcionó.
3 le dieron otra inyección para la diarrea: efectivamente no fue a las piedras hasta ahora (sí, respira así que no es que no vaya porque está muerto)
4 le dieron otra inyección de antibióticos: para que no se debilite por la pérdida de líquidos.
5 le dieron otra inyección para la acidez: se supone que eso cuidará su estómago.
Después de todos esos pinchazos que el tipo se bancó sin hacer tanto quilombo (salvo uno que otro “miu”) me quedé pensando si la veterinaria no lo confundió con un chanchito y me lo adobó para navidad.
Sí, falté al trabajo diciéndole a mi jefe que mi gato estaba mal.
Sí, pasé unos nervios horribles toda la tarde mirándolo constantemente.
Sí, tengo que darle poquita agua, nada de alimentos hasta mañana que tengo que llevarlo de nuevo a la veterinaria y tengo que tenerlo envuelto porque el suero le baja la temperatura.
Sí, pensé que se moriría.
Sí, la angustia que me agarré hoy por este flaco me dejó cansadísima pero, sigo siendo yo... quemé la última olla que me quedaba por hacerme unos fideos.
Y ahora es cuando este blog se pone a hablar de un tema reiterativo. Ahora es cuando empezaré a repetir el mismo tema una y otra vez, hasta aburrir. Ayer tomé una decisión importante para mi existencia: dejar de vivir sola. Desde hace tiempo vengo pensando en mi libertad, mi cero responsabilidad y mis ganas de hacer mimos. Desde hace casi 3 años no vivo con nadie, así que “llegó la hora”, dije; y así como con mucha solemnidad exclamé: “voy a adoptar un gato” La gente suele adoptar gatos por compañía, porque les gustan yo además, tenía un bonus: en la separación quedó Coca con su dueño, tener un gato entonces, era algo importante para mi. El gato que me eligiera como dueña, debería confiar en mi como única responsable y eso... estuvo en duda hasta ayer, ¿podría yo cuidar de otro ser vivo? Cuestión que ayer entré a la página de un centro de adopción y vi dos: una hembra y un macho. Me decidí por la hembra así que llamé por teléfono y terminé yendo a ver. Un negocio de persiana baja me estaba esperando. Después de golpear despacito la puerta la chica me abrió. Me preguntó mis horarios, a qué me dedicaba, si vivía sola. Resultó que te “evalúan” para la adopción. -Bueno, vamos a mostrarte- dijo al fin. En total había quince jaulitas con máximo tres gatitos cada una. En la primera jaula la chica comentó: -ella tiene 5 meses-. Una gata blanca y marrón me miró con cara de “tomátelas”. En la siguiente jaula había tres, entre los que estaba la gatita que yo había visto en la página web. Pero al verla sentí que no era. Sí, era bonita, una gatita perfecta, pero no era ella... Y pasamos por otras tres jaulas, toqué gatitos y escuché sobre sus personalidades, pero ninguno era. Llegué a dos jaulas, en la de arriba había una gatita blanca y negra que en cuanto la chica abrió la puerta se le abalanzó para jugar. Era un pegote, no había forma de ponerla de nuevo en la jaula, mientras la mujer lidiaba con esa felina (que desde el primer momento me pareció insoportable), mis ojos cayeron en la jaula de abajo. Acurrucados había tres gatitos, uno encima del otro durmiendo. El mas alejado de todos era gris. Abrimos la jaula y los dos negritos se acercaron. El gris levantó la cabeza y me miró fijo a los ojos. En ese momento, desaparecieron absolutamente todos los gatos del planeta, solo había uno y yo, yo solo llegué a decir “me enamoré...” Caminó hasta la puerta, se paró en dos patas y levantó los brazos para que lo agarre. La mujer dijo algo como “parece que es mutuo”. Solo lo acaricié. -tenés los ojos saltones como Juddi Krishnamurti- le dije al gato mientras la mujer me miraba con cara de no tener ni puta idea de quién hablaba. Así que aclaré que era un filósofo Y ahí sucedió el milagro, le pregunté con vos solemne “¿te gustaría vivir conmigo?” y esa miniatura dijo “miauu” mirándome. La chica se rió y yo, yo había encontrado a mi compañero de ruta. -Es él- le dije -Entonces, vayamos a hacer los papeles- Me senté en una silla y él, estaba sentadito justo adelante de la puerta de la jaula, esperando. Desde lejos me miraba como diciendo “dale, nena, que quiero rajar” Y después, escuchar todas las indicaciones y, por fin sacarlo de la jaula y, viajar a casa. -no te preocupes si se esconde, o si está quieto, la adaptación dura 2 o 3 días- me dijo. Adaptación que le llevó 10 minutos. Bastó llegar y ponerlo arriba del sillón para que el tipo baje con toda la confianza y se ponga a caminar por la casa. Yo, dos pasos más atrás, lo seguía para ver qué hacía. En el cuarto miró todo y me dijo “miau” (creo que eso debe ser algo como “no está tan mal tu cuchitril, querida”). Lo mismo hizo en la cocina y en el baño. Después me persiguió mientras ordenaba sus cosas (piedritas, agua, comida) Y justo adelante de la biblioteca empezó a maullar. Sólo cuando lo levanté me di cuenta que era justamente eso, lo que quería. Así que ahí, delante de los libros me dio el primer beso, y yo, obviamente me hice agua gatuna. Y jugamos un rato y de la adaptación quedó solo la palabra porque Juddi se apropió de la cama, escribió en el jardín zen “de ahora en adelante Tukylandia es mía” y tuvimos un cruce de palabras cuando entré a bañarme. Adaptación : 0 Confianzudo: On Resulta que yo estaba en la bañadera y el tipo a un costado, mirando. Otra vez empezó a maullar así que le dije “mirá man, la idea es que no seas quilombero” el tipo se me miró fijo dijo “miauu miau” (que claramente significa: “andate a la puta que te parió”) y salió del baño para jugar con su pelota de plumas. Y sí, me hizo reír varias veces; y por el mismo precio me hizo llorar también. Yo estaba en la silla sentada, en el borde de la cama estaba un chiche con plumas, así que el tipo desde abajo me maulló claramente, señalándome el juguete. Pero esta vez no lo subí (tampoco, es cuestión de criar un gato dependiente) Me puteó dos veces y a la tercera me clavó los ojos, saltó sobre la frazada y comenzó a escalar con gran esfuerzo hasta la sima. Y al fin llegó, se sentó en las patas trasera y su mirada decía “¿viste? yo puedo, nenita” Y yo, que me doy por vencida más de una vez, vi en esa miniatura de gato una bonita enseñanza... no te des por vencida... y lloré de emoción. Me arrimé para tocarlo y le dije “¿te das cuenta que ahora no me puedo matar por tu culpa?” Juddi puso cada una de sus patas delanteras en mis mejillas y me acarició la nariz con su hocico miniatura. Y no es que lo diga de fanática pero este gato y yo, tenemos algo... Tiene una energía tan bonita, Juddi brilla... Sí, vivo con un gato... Juddi Chuchée, que se lee “yudi yuyé”, obviamente, con tono francés.
Podría ser jardinero en Marte, médico de flores, poeta ambulante deshollinador volando en tejados, probador de espejos, o pirata honrado. Podría ser quizá delineante de columpios rojos, un gran nigromante, un cantor de nanas, quizás buhonero, y vender palomas, pócimas y ungüentos.
Podría ser cartero de Neruda, pescador de estrellas, navegando en la luna, piloto de cometas, explorador de abismos, quizá recolector de gotas de rocío. Podría ser quizá delineante de columpios rojos, un gran nigromante, un cantor de nanas... Pensándolo bien, me conformo con menos.